Tiempo de abrazar

Jason llenó los vasos y alzó el suyo. La cortina de la ventana se había oscurecido. Bebió como junto a un mostrador de taberna, tirando violentamente la cabeza hacia atrás. Estaba desnudo. Respiró con fuerza, dilatando el pecho. Lentamente juntó los brazos al cuerpo, haciendo saltar los pectorales; luego los golpeó, un puñetazo, otro. Estaba desnudo y alegre. Animal humano. Se enjugó los labios, restregando … Continúa leyendo Tiempo de abrazar

El astillero

Se acercó a la puerta trasera del cobertizo, asistió al final veloz y acobardado de la lluvia, estuvo calculando las consecuencias que tendría para la navegación la cortina de niebla que se acercaba desde el río. Fue y vino, chapoteando el barro, complaciéndose con el ruido, considerando aplicadamente el miedo, la duda, la ignorancia, la pobreza, la decadencia y la muerte. Encendió otro cigarrillo y … Continúa leyendo El astillero

LA NOVIA ROBADA

En Santa María nada pasaba, era en otoño, apenas la dulzura brillante de un sol moribundo, puntual, lentamente apagado. Para toda la gama de sanmarianos que miraban el cielo y la tierra antes de aceptar la sinrazón adecuada del trabajo. Sin consonantes, aquel otoño que padecí en Santa María nada pasaba hasta que un marzo quince empezó sin violencia, tan suave como el Kleenex que … Continúa leyendo LA NOVIA ROBADA

EL INFIERNO TAN TEMIDO

La primera carta, la primera fotografía, le llegó al diario entre la medianoche y el cierre. Estaba golpeando la máquina, un poco hambriento, un poco enfermo por el café y el tabaco, entregado con famlliar felicidad a la marcha de la frase y a la aparición dócil de las palabras. Estaba escribiendo “Cabe destacar que los señores comisarios nada vieron de sospechoso y ni siquiera … Continúa leyendo EL INFIERNO TAN TEMIDO

JUAN CARLOS ONETTI

CONVALECENCIA Casi en el mediodía, el hombre me rociaba de arena, empujando con el pie desnudo. Me volvía, medio dormida, desperezándome a la sombra de la cara inclinada y sonriente. El hombre cambiaba o alteraba un poco, con frecuencia, sus mallas de baño. Pero la aguda cara permanecía igual e incomprensible, sonriéndome. La cara recordaba con intensidad a un animal conocido. Y, al mismo tiempo,… … Continúa leyendo JUAN CARLOS ONETTI

JUAN CARLOS ONETTI

CONVALECENCIA Casi en el mediodía, el hombre me rociaba de arena, empujando con el pie desnudo. Me volvía, medio dormida, desperezándome a la sombra de la cara inclinada y sonriente. El hombre cambiaba o alteraba un poco, con frecuencia, sus mallas de baño. Pero la aguda cara permanecía igual e incomprensible, sonriéndome. La cara recordaba con intensidad a un animal conocido. Y, al mismo tiempo, … Continúa leyendo JUAN CARLOS ONETTI