Una pasión literaria: Correspondencia de Anaïs Nin y Henry Miller

Anaïs, Acabo de recibir tu extensa carta.

Es irrebatible. Tienes toda la razón. Por eso te envié el extracto de Wasserman, para demostrarte que me di cuenta, a través de las reacciones de Marie, de cuán justificada era tu actitud. La actitud de Etzel a la que me referí (y que te incluí) no es mi actitud, lo fue en cierta ocasión, cuando era mucho más joven. Cuando la leí pude comprender lo horrible que era. No, en cuanto a todo esto, lo interesante es el despertar de Kerkhoven. Por lo visto no terminó trágicamente; uno sabe que Marie y él reanudaron su vida juntos, que tal vez él renunció a su más elevado papel de terapeuta y decidió compartir con ella una vida más sencilla, más humana.

Probablemente hay poca similitud entre Kerkhoven y yo mismo. Yo estaba más interesado en Marie que en él o en Etzel. Hay únicamente ese parecido superficial, que he llegado al extremo de cuestionarme mi papel de escritor. Tengo dudas acerca de su importancia. Empieza a parecerme cada vez más un lujo. La única justificación para continuar sería que me ganara la vida con cualquier otro trabajo.

En cuanto al cine, estás equivocada cuando piensas que no quise trabajar en él. Realmente lo hice. Pero soy congénitamente incapaz de escribir algo en lo que no crea. Puede ser una excusa, pero sinceramente no lo creo.

Lo he intentado. Nunca salió bien.

Además sucede algo peor. Cuando no hago nada me doy cuenta de que eso me gusta enormemente. Aquí uno puede no hacer nada porque el medio ambiente es en sí mismo suficiente. Eso fue lo que descubrí en Grecia. Así que ahora, en lugar de pensar en cómo conseguir la mayor cantidad posible de dinero en el menor plazo de tiempo, tengo que pensar exactamente lo contrario, cómo hacer lo mínimo sin sentirme demasiado incómodo. Eso significa, supongo, una de estas dos cosas: o bien estoy viviendo en un mundo de ensueño, completamente al margen de la vida, o he descubierto la verdadera sabiduría. Parece insensato ocuparse de tales pensamientos cuando el resto del mundo se esfuerza desesperadamente por su mera subsistencia. Pero lo que ellos están combatiendo no me interesa lo más mínimo.

Dices que dudas de que yo sepa lo que quiero. Es comprensible. Quizás no lo sepa. Pero cada día veo más claro lo que no quiero. Y tal vez sea eso el primer paso para saber lo que tú quieres. Sé que esto parece terriblemente negativo. Pero ¿qué voy a hacer? ¿Improvisar una decisión? Últimamente me he dado cuenta de lo que te dije incluso en París, que vuelvo cada vez más a la posición en la que me encontraba cuando era joven, cuando por primera vez tuve que enfrentarme al mundo y ganarme la vida. No encuentro nada que realmente me importe lo suficiente como para comprometerme.

No tengo ninguna ambición. Considero inútil luchar. No creo haber conseguido nada hasta aquí. No sé que tenga que conseguir nada.

Esto puede parecer un pretexto para una existencia vegetativa. Y no es ésa mi intención tampoco. Puedo estar engañado, por supuesto, pero así es como mejor puedo exponértelo: todas esas cosas por las que la gente lucha, tiene esperanzas, reza, las he hecho ya realidad en mí mismo. Estoy preparado para llevar una vida que los hombres únicamente empezarán a llevar dentro de miles de años. Estoy fuera de lugar, adelantado a mi tiempo. Eso puede parecer un poco insensato -o terriblemente pretencioso- pero soy sincero al decirlo. No soy competitivo o belicoso o envidioso o codicioso o ambicioso, iba a añadir “ni egoísta”. Pero me pregunto ¿no será esta la forma suprema del egoísmo? ¿Te das cuenta del aprieto en el que estoy metido? Naturalmente, si no me encontrara en la privilegiada posición de haberme librado de los problemas corrientes de la vida, no podría permitirme el lujo de semejantes especulaciones. Pero desde esa posición -que considero regresiva- no hay forma de contestar tales preguntas. Por eso pienso hacer algo a fin de ganar lo justo para subsistir, no importa lo que tenga que hacer para ganarme la vida. Ganarse la vida no es vivir.

Yo he vivido más cuando no hacía nada. Estoy preparado para no hacer nada, eso es lo que ocurre, absurdamente.

Y por supuesto, según y como va la vida, eso es imposible. Supongo que no haré nada hasta que me vea obligado a hacerlo. Y eso es derrotismo. Y en ésas estoy… Es el colmo de la contradicción. Es posible que ello sea debido al hecho de que lo que a mí me gusta hacer no le interesa al mundo.

La sabiduría suele dictar algún tipo de adaptación, sin duda, encontrar una forma de hacer lo que te gusta y conseguir que le guste al mundo. Pero al parecer yo he perdido incluso el deseo de lograr que el mundo aprecie lo que quiero hacer. ¿Qué importa, me digo a mí mismo, que les guste o no? ¿Qué más da, en el fondo, que lo ponga por escrito en un papel y les obligue a leerlo, o que me lo guarde y viva con ello, que lo disfrute solo? Hay tan poca comunicación auténtica. Quizás media docena de personas en todo el mundo aprecien realmente lo que pienso y hago. ¿Qué importa entonces el resto? Y en cuanto a esa media docena, ¿qué necesidad hay de convencerles? Si son de los tuyos te aceptan sin condiciones.

Este problema se parece al del profesor y el terapeuta. Cuando se trabaja con las mejores intenciones, haciendo bien al mundo, o alegrándolo, etc., uno empieza a abrigar las más serias dudas. Uno debe averiguar si actúa porque desea hacer el bien o proporcionar felicidad o difundir la verdad, etc., o si es el egoísmo o la obligación o la autoterapia, lo que le hace actuar. En otras palabras, el terreno cede bajo tus pies. En eso estoy yo. Por eso cedo a la inercia.

Prefiero no actuar que hacerlo sin motivo.

Si eso es ser neurótico, entonces soy un neurótico de la peor especie.

Lo que me desconcierta es que no me siento insociable o inhibido o deprimido. Ni me asustaría si me viera forzado a hacer algo que me disgusta.

Puedo enfrentarme a cualquier persuasión o coacción. Quiero decir con esto que puedo entender y perdonar a los otros, sé lo que les hace entrometerse, invadir tu tranquilidad y tu intimidad. Comprendo condenadamente bien que, sin pretender serlo, me he convertido en espectador en lugar de ser partícipe. Lo ideal sería inspirar a los otros, pero eso, por otra parte, parece una intromisión, una interferencia. ¿Cómo inspirarles para que vean el mundo como yo lo veo? ¿Para que todo transcurra con tranquilidad, para mí o para ellos? Incluso los problemas más rudimentarios permanecen sin resolver.

Acaba de llegar otra carta… Es maravilloso comprobar cómo te has librado de todo esto. Pareces la personificación de la acción. Has despejado el terreno. Eres una trabajadora.

Si yo pudiera creer al menos en el trabajo. Odio trabajar. La creación no es ningún trabajo, es un juego.

Pero ¿quién cree en eso? Sé que es cierto, pero ahora es una de esas verdades lejanas, tan remotas como las estrellas. Pensar así es incluso traicionero.

Hablas de “destrucción exterior”.

Tal vez sea ésa la causa de la corrosión interna. Y, sin embargo, soy indiferente a la guerra, totalmente impasible. En cuanto a mis deseos -y con esto me refiero al auténtico deseo de crear-, la declaración de paz no alterará mucho las cosas. Habrá más trabajo que hacer cuando la guerra se termine. La gente tendrá que reconstruir lo que ha sido destruido. Tampoco me interesa ese trabajo de reconstrucción. Durante tal vez veinte o cincuenta años el único trabajo importante que ocupará las mentes de la gente será la rehabilitación. Tendremos que tratar con almas enfermas y dañadas. ¿Ha de ser ésa nuestra audiencia? ¡Qué mundo más indigente! Cuando no están matándose los unos a los otros, se dedican a lavarse mutuamente sus heridas. Cuando no están destruyendo se dedican a reparar los estragos que han causado. Y eso casi toda la vida. Al margen está el reino del arte. Un lujo que casi nadie se toma en serio. Si uno cree en el júbilo de la creación debe entonces estar dispuesto a vivir como un perro.

O, si tienes suerte, eres aceptado y recompensado, poco más o menos cuando estás a punto de estirar la pata.

Sé mejor que nadie que, a pesar de las frías verdades que he expresado, uno tiene que actuar, o degenera. El fallo no radica quizás en el razonamiento, sino en las preguntas. Algo le ha sucedido al móvil esencial. Los impulsos se han roto. He tenido que encontrar un nuevo campo donde situarme. La guerra no es lo peor. A mi alrededor la gente hace cosas sin sentido. Cuando se me ofrece la posibilidad de hacer algo, se trata de algo repugnante, falso, simplemente para hacer dinero. El otro día recibí una oferta para hacer de “negro” de un viejo actor. Escribir su “biografía”.

Una preciosa casa, buena comida, etc.

Pero ¡qué idiota! ¿Por qué debo escribir /su/ biografía? Si colaboro con [Marcel] Friedman lo que le ocurra al guión [de /El caso Maurizius/] es impensable. Me he reunido con los agentes, y los productores y los directores. A nadie le importa un comino lo que hace, con tal de que le permita seguir viviendo. Eso es para mí una insensatez. Lo aborrezco.

[…] Siempre me queda la melancólica esperanza de que podría haber una forma de vivir aquí contigo. Es terrible pensar que tienes el lugar apropiado y la persona conveniente, pero nunca puedes reunirlos. Y en el fondo todo es cuestión de vivir adecuadamente.

Supongo que esto es completamente pueril. Pero los niños a menudo tienen ideas brillantes. No necesitamos estar siempre tan orgullosos de nuestra habilidad para adaptarnos. Volveré a escribirte muy pronto. Te envío esta carta a la atención de los Brown, pues no estoy seguro de si quieres que te mande directamente la correspondencia a tu casa. Quizá se me ocurra algo. De todas formas, no seas pesimista ni te desanimes por mi culpa. Me alegra saber que estás de tan buen humor. Alguien tiene que conservar a toda costa el timón.

H.

Beverly Glen Martes [septiembre de 1942]

[Anaïs:] […] [El doctor] Friedman todavía está buscando a alguien para colaborar en /El caso Maurizius/, el perfecto guionista. Eso puede llevarle meses.

Hay una enorme cantidad de vaguedades, incertidumbres y dilaciones en este asunto (183). Supongo que nadie sabe lo que sucederá mañana. De todos modos, creo que es inútil quedarse.

[…] Créeme, estoy rodeado de amigos bienintencionados. Nadie quiere verme sucumbir. Estoy preparado para todo.

Tendré noticias más concretas para ti en un día o poco más o menos. Pero las cosas van bien. Así que, por favor, te lo ruego, libérate de cualquier preocupación por mí. Suena horrible cuando dices: “¡qué bien te sentaría mi muerte!”. Como si eso fuera lo que yo quisiera, lo que esperara llevar a cabo. No te das cuenta, quizás, de que estás convirtiendo esos engaños e ilusiones del pasado en actos criminales. No soy una víctima, Anaïs. De lo único que soy culpable es de ignorancia, de ceguera. Renuncio a todo. Quédate en la cama, como hizo Goethe, hasta que te sientas tan llena de energía, de esperanza, de valor, que saltes de la cama. Sólo puedes ayudar al mundo -si todavía crees que necesita nuestra ayuda individual conservando tu fe en la vida. Tu cuerpo es posible que sea débil, pero sé que todavía tienes alas. Volverás a volar, una vez creas que existe un objetivo hacia el que volar. Me alegra que me hayas enviado el libro de [Isak] Dinesen [/Siete cuentos góticos/], lo busqué en varios sitios, pero existe una gran demanda. Tengo mucha curiosidad por leer “Los soñadores”. […] Escucha, por favor ten un poco más de fe, ¿quieres? Sé que únicamente los hechos demostrarán que mis palabras son ciertas. No te lo pido por mi bien, sino por el tuyo. Todo lo que soñabas se ha hecho realidad. Los sueños nunca son erróneos. Los poetas son todavía los únicos legisladores sin corona del mundo, lo parezca o no.

Los soviéticos se están portando bien en las trincheras. Pero lo nuestro son las alturas. No quiero anunciar el Nuevo Mundo con la bayoneta calada. Las bayonetas se oxidan. El espíritu jamás lo hace. Más pronto.

Recuerda, Saturno se cruza con Neptuno. Pero tú fuiste una poderosa constructora de puentes. ¡Oh Neptuno! No vas a derrumbarte. ¡Más luz, más luz! No vuelvas la cara contra la pared ahora. Basta de presiones. Deja que Dios se haga cargo de ellas durante algún tiempo. ¿Me oyes?

HVM

[Beverly Glen] Jueves [Octubre de 1942]

Anaïs, Me escribes como si yo no contestara tus cartas. Me castigas cruelmente también al decirme todas esas cosas terribles que te he hecho, aunque sé que no lo dices en serio. Hablas únicamente desde el punto de vista del pasado. Todavía no te das cuenta de que ha cambiado mi actitud ante el trabajo y muchas otras cosas. ¿Por qué sacas constantemente a colación la cuestión de “fallarme”, de no hacer nada que me ofenda? ¿No te he dicho una y otra vez que eso es completamente imposible? ¿Te he reprochado alguna vez? Pareces querer que yo sea insensible e inhumano. ¿Crees que no me conmueve, profundamente, todo lo que escribes? Me ruegas de nuevo que te ayude a eliminar la tensión. Creía que eso estaba sobreentendido, acordado.

Me cuentas que te estás matando con la imprenta (184). Dios mío, ¿por qué continúas? ¿/Quién/ te empuja a ello? ¿Por qué no lo abandonas todo, te vuelves a acostar, y descansas hasta estar bien de nuevo? No te estoy pidiendo nada ahora. No importa lo que ocurra, jamás, jamás te pediré que hagas más cosas por mí. ¿No quieres creerme, sólo por una vez? ¿Por qué tienes que hacer eso para atenderme? No es responsabilidad tuya. No me estás fallando. Sólo se falla uno a sí mismo. Si no te declaras inmediatamente libre de toda responsabilidad nunca vencerás tu debilidad.

Te repito lo que dije en otra carta. Tus esfuerzos no han sido infructuosos. Si lo hubiesen sido, no estaría escribiéndote como lo estoy haciendo. Ves las cosas tan sombrías sólo porque estás muy débil físicamente. Has perdido la fe, sobre todo en ti misma. Pero yo no he perdido la fe en ti. Ni en mí mismo. Aunque todo lo que digas sea cierto, aunque toda mi vida fuera un error, siempre habrá tiempo para cambiar. Tú sabes lo que realmente significa el arrepentimiento, es una de esas palabras mal traducidas: significa “cambiar los pensamientos de uno”. Ambos lo estamos haciendo. Tú lo lamentas. Yo no. Me alegra que vayas a vivir para ti misma. Has traspasado los límites del auto-sacrificio. Sí, es como una especie de muerte. Pero después de cada muerte sigue un renacimiento. E incluso cuando aquellos que llevan a cabo los mayores sacrificios empiezan a dudar, los que fueron salvados saben que no fue en vano. Y yo soy uno de los salvados. Creo en ti más que nunca. Habrá un gran cambio, y tú recogerás todas las recompensas que has sembrado. No estás lanzando a un niño a la deriva, dejándole en las manos poco compasivas del mundo. Me diste una transfusión de sangre, funcionó.

Te recobrarás, ya lo verás.

Justo después de escribirte que únicamente esperaba un milagro, que apareciera un hombre, el apropiado, etc., encontré en la puerta un telegrama de un amigo de Cairns. […] Ahora me está ayudando, presentándome a sus amigos de por aquí. Creo que algo bueno saldrá de todo esto. También me han prometido un trabajo de media jornada en una biblioteca, si lo quiero. Y el editor a quien di las cartas de Emil [Schnellock] está muy interesado en su publicación. Parece bastante seguro que las aceptará (185).

Acabo de recibir un libro de Alfred Kazin titulado /On Native Grounds/, una obra crítica en la que me encuentro emparedado entre Faulkner y Wolfe.

De ahora en adelante me ceñiré a las obras maestras. Es absurdo hacer otras cosas con la esperanza de esto y lo otro. He tenido que resignarme a la pobreza, poner al mal tiempo buena cara. A propósito, creo que existe una posibilidad de que pueda utilizar una casa de campo en Long Island, que pertenece a la mujer griega de la que te hablé [Melpomene Niarchos].

No recuerdo exactamente dónde está, a unas 30 millas, creo. Me pregunto si sería una solución al problema del alquiler. Cuando pienso en esos alquileres de N.Y. me quedo helado. Aquí cualquier lugar confortable se consigue por entre 20 y 35 dólares al mes, amueblado, con jardín, garaje, vajilla, etc. ¡Qué diferencia! […] Bueno, ahora tengo que comprarme una chuleta. Un largo paseo a la tienda de comestibles cañón arriba.

He dejado de utilizar el coche, ya que no tengo permiso de conducir, y eso supondría una fuerte multa, si me cogieran. Cuando me marche, creo que podría tomar prestado un abrigo del guardarropa de Gilbert, que devolvería al llegar a N.Y. No llevé ninguno para ir a Sacramento. Todavía llevo ropa de verano, y un suéter por la noche. Ahora tengo mi propio traje de invierno.

Espero carta tuya. Confío en que no habrás tenido una recaída.

HVM

Las estrellas son ahora más brillantes que nunca. Como en Grecia.

Increíblemente brillantes. Casi asustan. Permanezco fuera en el patio sin dejar de mirarlas. Una fiesta para los ojos.

[Beverly Glen] Más tarde, /Lunes/ 9 de noviembre de 1942 (186)

[Anaïs:] Acabo de recibir, al volver de la Satyr [Book] Shop, tu carta contando que tienes un empleo. Me parece fantástico. ¿Quieres decir que estás haciendo eso por mí? Te ruego que no lo hagas. Si alguien debe tener un empleo ése /soy yo/, no tú. En una carta anterior insinué que cuando regresara lo haría. Si quieres hacer eso sólo por mi causa, entonces no lo hagas. Eso sería tomarme la delantera. Comprendo lo que sientes acerca de la humillación, etc. Pero tú tienes un marido que se ocupa de ti. No necesitas un empleo. Si haces eso me sentiré francamente mal. Es el colmo.

Si [Samuel] Goldberg [de la Gotham Book Mart] actuara rápidamente sobre el manuscrito, podría es tar de vuelta en N.Y. con lo que me enviara. (Hay una posibilidad de que [Glen] Jocelyn (187) apoquine también).

Digamos que ahora estoy solo, desde este momento. Me trae sin cuidado lo que haga, si tengo que trabajar. Regresaré a N.Y. como un inmigrante extranjero. Nunca hubo mejor época para conseguir trabajo. Estoy seguro que encontraré también un lugar gratis.

Hablo completamente en serio. Me diste un susto. Es como si me escribieras diciendo que podías arreglártelas sin brazos o piernas.

No estoy de acuerdo contigo acerca de la “irresponsabilidad y la bohemia”. (De todos modos, eso sólo me afecta a mí, ¡no a ti! Tú has sido más que responsable, siempre). Pero no me pelearé contigo por eso.

Tal vez si tengo un empleo, pueda ayudarte a hacer con esa imprenta lo que realmente quieres hacer, /¡imprimir tu propia obra!/ Escucha, por mí está resuelto. No me escribas mañana que ves una salida, o que estás deprimida. Te han debido ir bastante mal las cosas para obligarte a semejante conclusión.

Y recuerda esto: he tenido unas largas vacaciones desde el año 1924, cuando abandoné la Western Union.

Será un placer “reincorporarme al rebaño”, haciendo el necio trabajo de este mundo. Es tan simple. Sólo se necesita medio cerebro, una pierna, y unos pocos músculos. Realmente me siento feliz ahora que me enfrento cara a cara con él. Hacer sólo lo que a uno le gusta, eso es lo realmente difícil. Para esto otro cualquier imbécil puede estar capacitado.

No dirijo esta ironía contra /ti/.

Simplemente te digo lo fácil que me parece. Pero no hay duda de que /¡no vas a buscar un empleo!/ Si lo haces, tendrás que encontrar una excusa mejor, /entendu/? Goldberg me escribió una amable carta. Espera mis manuscritos. Le escribiré de nuevo seductoramente.

HVM

P.S. Me alegra mucho que hayamos llegado a esto. Estoy seguro de que todas tus enfermedades se deben a angustias mentales, demasiado sentido de la responsabilidad. Tienes que descansar de nuevo, vestirte, callejear, hacer las cosas que te gustan. Me temo que yo te estaba llevando prematuramente a la tumba.

[Beverly Glen] Año Nuevo [1943]

Anaïs:

El otro día leí en la Satyr [Book] Shop la reseña que hizo [Williams Carlos] Williams de /Winter of Artifice/. En conjunto me pareció buena. Me gusta su /ambigüedad/, es sincera. Por lo visto parece olvidar que escribiste un diario, dice que sólo has escrito un poco. Al no conocerlo, debe de haberse quedado asombrado. Pero te dedica un gran cumplido como mujer y dice casi lo mismo que tú dices -y que le contaste a Rank- acerca de la mujer como creadora.

No conozco el libro de Rudhyar [/The Pulse of Life: New Dynamics in Astrology/]. La señorita Steloff me envió un interesante librito que yo te envío a ti. Hay cosas en él que posiblemente apreciarás. Las mejores cosas que tú misma has dicho. Ya verás. Su autora es Mabel Collins, una persona bastante famosa, dicho sea de paso (188).

Escribiré a Eduardo, y, si puedo, le enviaré una caja de fruta escarchada, que aquí preparan tan bien. No creo que le retengan mucho tiempo (189). ¡Veremos si no tengo razón! Sí, recibí todo, y te lo agradezco.

No necesitas continuar ahora, estoy seguro que ocurrirá algo estos próximos días.

Sobre el tema de la “crucifixión”.

Sí, entiendo lo que ocurrió. (Aunque parezca extraño, el libro que te envío puede arrojarte una luz diferente sobre ese asunto). No entiendo por qué persistes en pensar que estoy ciego o soy indiferente a tu sufrimiento, ni que voy a discutir contigo acerca de los méritos relativos de Stalin y Ramakrishna. Operan en diferentes niveles. El tiempo demostrará cuáles fueron sus aspiraciones más efectivas, más duraderas.

Cuando mencionas que Cristo se contentaba con una comida “simbólica”, debo decir que no lees con suficiente hondura. Dar el vino de la vida eterna en lugar del auténtico vino no es un acto simbólico. Aunque ahora me acusas de haberte chupado la sangre, estás equivocada si crees que eso es lo que me nutre. Cuando temes que sufriré un perjuicio si las necesidades materiales me son negadas, ¿no prueba eso que tú misma no das importancia a los auténticos regalos que me haces? El impulso terrible que le conduce a uno al sacrificio “más allá de las propias fuerzas” proviene, creo, de una falta de fe en los procesos cósmicos. Mientras hace todo lo posible, uno tiene también que darse cuenta, me parece a mí, de que probablemente no está alterando la situación del mundo ni un ápice. En realidad uno hace el bien para sí mismo, acumulando méritos, por así decirlo.

Los únicos que verdaderamente pueden afectar al mundo y a los destinos de la humanidad son aquellos que están completamente entregados al sacrificio, porque se han emancipado a sí mismos, viven sus problemas personales, facilitan el verdadero anonimato y se dan cuenta de que no hay nada más allá del acto de dar. Nada quieren y nada esperan. Para los individuos de menos categoría el sacrificio es sólo una lección, una expiación, una purga, etc. Se hace en interés propio, no en provecho de otros. Para los primeros el sacrificio no es terrible, ni puede agotarlos. Han aprendido, por así decirlo, el secreto de engancharse al inagotable poder que gobierna el universo. Están “insolados”. Los otros son consumidos en el proceso, /sacrificados/, en el auténtico sentido de la palabra.

No hay nada malo en el sacrificio en sí mismo. Todo lo contrario, realmente. Pero es un tipo de acción reservado exclusivamente para los más fuertes. En ellos se produce una transmutación, la muerte es convertida en vida. (No discutas esto, piénsatelo bien. No hay nada /personal/ en esto; sencillamente es la verdad). Y tan seguro como que hay verdad, emergerás después de muerta con un aumento de poderes y de comprensión. Tu perspicacia neptuniana, tu muy certero olfato para la verdad, necesita, creo, exteriorizarse más, difundirse más, sobre la entera superficie de tu ser.

Tienes tendencia a usarlo mucho más como un médium que a utilizar sus extraordinarias dotes. Confías en el instante, pero entonces alguna que otra vez el comentarista no funciona.

¿No te parece? Créeme, no trato de /criticarte/.

Intento ayudarte. ¿O crees tú que soy incapaz de ayudarte?

Más tarde… Fui interrumpido por varios visitantes, y ahora estoy recibiendo un torrente de cartas en respuesta a mis interrogantes. Algunas reseñas de libros ya me lo presagiaron, y me ofrecieron más sugerencias.

He pasado por un acoso similar al de París, cuando decidí no permitir que los /Trópicos/ desaparecieran. Hoy otra carta tuya. Dios mío, pareces estar en ello. Veré a Pierce [Harwell] (190) en cuanto pueda para ver lo que puede descubrir de provechoso en ti. Todo parece apuntar a un cambio de vida, tuve esa sospecha anteriormente. La recuerdo, en París.

Tienes que conformarte, no luchar.

Como en /Here comes Mr. Jordan!/ (191).

Estoy intentando conseguirte un almanaque sobre hierbas muy interesante.

También algo de la famosa herboristería china del Dr. Chew que hay aquí.

La señorita Steloff me envió diez dólares por Navidad. Dice que el lector todavía no ha recibido el Diario. Muy pronto, más.

HVM

A propósito, cuando puedas, vete a ver a Bette Davis en /Now, Voyager/ (192) su mejor papel. Otra película basada en el psicoanálisis, el patito feo, etc. En cierta manera me jor que /King’s Row/ (193). Su última frase es interesante. Por cierto, siempre cometes un precioso lapsus psicológico cuando escribes “comma” en vez de “coma” (194).

[Beverly Glen] Domingo noche 31-1 [1943]

Una pasión literaria: Correspondencia de Anaïs Nin y Henry Miller

Anaïs Nin y Henry Miller

Selección e introducción: Gunther Stuhlmann

Título original: “A Literate Passion. Letter of Anaïs Nin and Henry Miller, 1932-1953″

Traducción: Juan Antonio Molina Foix

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