El santo e inefable nombre de Dios

El santo e inefable nombre de Dios

El Ogham Craobh, publicado en Antiquities of Ireland de Ledwich y atestiguado por una inscripción alfabética en Callen, County Clare, Irlanda, atribuido al año 295 d. de C., dice así:
B
L
N
T
S
B
D
T
C
Q
M
G
Ng
Z
R

Éste es el alfabeto Ogham ordinario tal como lo da Macalister, excepto que donde se podía esperar F y H están T y B, las mismas consonantes que aparecen misteriosamente en el relato de Higinio acerca de las siete letras originales inventadas por las Tres Parcas. Es evidente que en Callen estaban prohibidas la F y la H, y había que emplear en su lugar la T y la B; y parece haber sucedido exactamente lo mismo en el alfabeto griego de 15 consonantes que conocía Higinio, y que se abstuvo de especificar la contribución de once consonantes que hizo Palamedes porque no deseaba llamar la atención sobre la repetición de B y T.
Si es así, el alfabeto de Palamedes se puede reconstruir de este modo en el orden del Ogham:
B
L
N
F
S
H
D
T
C

M
G
(Ng)
R

No hay garantía de la existencia de Ng en griego, por lo que la he puesto entre paréntesis, pero se debe recordar que los pelasgos originales hablaban un lenguaje no griego. Este casi había desaparecido en el siglo V a. de C., pero, según Herodoto, sobrevivía en por lo menos uno de los oráculos de Apolo, el de Apolo Ptous, que estaba en territorio beocio. Recuerda que cierto Mys, enviado por el yerno del rey Darío de Persia para que consultase los oráculos griegos, fue acompañado por tres sacerdotes beodos con tabletas de escribir angulares. La sacerdotisa dio su respuesta en un idioma bárbaro que Mys copió arrancando su tableta a uno de los sacerdotes. Resultó que estaba dicho en dialecto cario, que Mys comprendió, porque era «europeo», es decir de extracción cretense; Europa, hija de Agenor, fue llevada a Creta desde Fenicia en la grupa de un toro. Si el cretense era, como parece probable, un idioma camítico, muy bien puede haber tenido Ng en el lugar 14. Ng no forma parte del alfabeto griego y el Dr. Macalister indica que ni siquiera en el antiguo goidélico comenzaba palabra alguna con Ng, y que palabras como ngomair y ngetal que se dan en los alfabetos Ogham como los nombres de la letra Ng son formas completamente artificiales de gomair, y getal. Pero en los idiomas camíticos la inicial Ng es común, como mostrará una mirada al mapa de África.
La existencia de esta dudosa letra pelasga Ng, que no tomaron los autores del alfabeto cadmeo, puede explicar la inseguridad de «doce, o algunos dicen trece letras» atribuida por Diodoro Sículo al alfabeto pelasgo, y puede explicar también por qué Ng en medio de una palabra se escribía en griego GG, como Aggelos por Angelos, pues la G es la letra que precede inmediatamente a Ng en el Beth-Luis-Nion. Sin embargo, pot la analogía del Beth-Luis-Nion puede sospecharse que el alfabeto de Palamedes contenía dos letras secretas que elevaban el numero a 15. En todo caso, el alfabeto latino constaba originalmente de 15 consonantes y cinco vocales y «Carmenta» lo ordenó probablemente así:
B
L
F
S
N
H
D
T
C
Q
M
G
Ng
P
R

Pues los romanos seguían empleando el sonido Ng al, comienzo de palabras en la época republicana —incluso deletreaban natus como gnatus, y navus («diligente») como gnavus— y probablemente lo pronunciaban como la gn en medio de palabras francesas como Catalogne y Seigneur.
Parece que Epicarmo fue el griego que inventó la forma primitiva del alfabeto cadmeo mencionado por; Diodoro y que se componía de dieciséis consonantes, i; saber: las trece del alfabeto de Palamedes anteriormente citadas, menos la Ng; más Zeta, y Pi en sustitución de Koppa (Q); más Chi y Theta. Pero solamente: dos letras atribuye Higinio a Epicarmo; y estas aparecen en los manuscritos más respetables como Chi y Theta. Por consiguiente, es probable que Pi (o Koppa) y Zeta fueran letras ocultas del alfabeto de Palamedes, como Quert y Straif son letras ocultas del Beth-Luis-Nion; y que Higinio no las mencionara porque sólo eran C y S dobles.
Sabemos que Simónides suprimió la H aspirada y también la F, Digamma, que fue reemplazada por Phi, y agregó Psi y Xi y dos vocales: la E larga, Eta, a la que asignó el carácter de la H aspirada, y la O larga, Omega; lo que elevó el número total de letras a veinticuatro.
Todos estos alfabetos parecen ser alfabetos sagrados cuidadosamente ideados, y no transcripciones griegas selectivas del alfabeto comercial fenicio de veintiséis letras como el que aparece rayado en los jarrones de Formello-Cervetri. Una virtud del alfabeto epicarmiano consiste en que tiene dieciséis consonantes —dieciséis es el número del aumento— y veintiuna letras en total, siendo ventiuno el número consagrado al Sol desde la época del faraón Akhenaton, quien implantó en Egipto hacia el año 1415 a. de C. el culto monoteísta del disco solar. Epicarmo, como asclepiada, descendía del Sol.
Debe observarse que las nuevas consonantes de Simónides eran, artificiales —anteriormente Xi se decía chi-sigma, y Psi, pi-sigma— y que en realidad no eran necesarias en comparación, por ejemplo, con la necesidad de nuevas letras para distinguir la A larga de la breve, y la I larga de la breve. Sospecho que Simónides compuso un encantamiento alfabético secreto que comprendía los nombres de las letras conocidos del alfabeto griego, ordenado, con las vocales y las consonantes juntas, en tres partes de ocho letras, y con cada letra sugiriendo una palabra del encantamiento; por ejemplo, xi, psi podía representar axiphon psilon, «una espada desenvainada». Por desgracia las abreviaturas de la mayoría de los nombres de las letras griegas son demasiado breves para que se pueda comprobar esta suposición; sólo alguna letra ocasional, como lambda, que parece significar lampada («antorchas») y sigma, que parece significar sigmos («silbido para guardar silencio»; alude al secreto).
¿Pero podemos adivinar por qué Simónides eliminó la F y la H del alfabeto? ¿Y por qué el español Higinio y el autor de la inscripción irlandesa de Callen emplearon la B y la T como disfraces con clave de esas mismas dos letras? Podemos comenzar observando que el calendario etrusco, que los romanos adoptaron durante la República, estaba dispuesto en nundina, o periodos de ocho días, llamados en griego ogdoads, y que la diosa romana de la Sabiduría, Minerva, tenía al 5 (escrito V) como su número sagrado. Podemos identificar a Minerva con Carmenta, porque a ella se atribuía generalmente en Roma la invención de las artes y ciencias, y porque las embarcaciones decoradas con flores, probablemente hechas con madera de aliso, eran lanzadas al agua durante su festival, las Quinquatria. «Quinqua-tria» significa «las cinco salas», presumiblemente las cinco estaciones del año, y se celebraban cinco días después de la fiesta del Nuevo Año Primaveral de la diosa Anna Perenna; esto indica que los cinco días eran los sobrantes cuando el año fue dividido en cinco estaciones de 72 días cada una, y la santidad de los cinco y de los setenta y dos quedó sentada igualmente en el sistema del Beth-Luis-Nion.
Un calendario alfabético compuesto de acuerdo con este principio, con las vocales mantenidas aparte de las consonantes, implica un año de 360 días de cinco vocales estaciones, cada una de 72 días, con 5 días sobrantes; como cada estación se divide en tres períodos, cada uno de éstos consta de 24 días. El año de 360 días puede dividirse también, en honor de la Diosa Triple, en tres estaciones de 120 días, cada una con cinco períodos de igual longitud, o sea 24 días, con los mismos 5 días sobrantes; y éste es el año que se utilizaba públicamente en Egipto. Los egipcios decían que los cinco días eran los que el dios Thoth (Hermes o Mercurio) ganó a la diosa lunar Isis en el juego de damas, compuesto con la septuagésima segunda parte de cada día del año; y los natalicios de Osiris, Horus, Set, Isis y Nephthys eran celebrados en ellos en este orden. El sentido mítico de la leyenda es que un cambio de religión necesitaba un cambio de calendario: que al anterior año de la diosa Luna de 364 días con uno adicional sucedía un año de 360 días con cinco adicionales, y que en el nuevo sistema los tres primeros períodos del año eran asignados a Osiris, Horus, y Set, y los dos últimos a Isis y Nephthys. Aunque, bajo la influencia asiría, cada una de las tres estaciones egipcias se dividía en cuatro períodos de 30 días, y no cinco de 24, hay una estación de 72 días porque, según el mito egipcio-biblosiano, la diosa Isis ocultó a su hijo Horus, o Harpócrates, a la ira de Set, el dios solar de orejas de asno, durante los 72 días más calurosos del año, o sea la tercera de las cinco estaciones, que era regida astronómicamente por el perro Sirio y los dos asnos. (A la ocultación del niño Horus parece haber contribuido el Avefría, muy utilizada en la ciencia de los augurios etrusca que hicieron suya los romanos; en todo caso, Plinio dice dos veces en su Historia Natural que el avefría desaparece por completo entre la salida de Sirio y su puesta.)
Pero aquí se hace necesaria una exposición de Set y de su culto.
La leyenda griega según la cual el dios Dioniso colocó los Asnos en el signo de Cáncer (el «Cangrejo») sugiere que el Dioniso que visitó Egipto y fue hospedado por Proteo, el rey de Faros, era Osiris, hermano del dios de los hicsos Tifón, alias Set. Los hicsos, pueblo pastoril no semita, provenían de Armenia o de más allá y descendieron a través de Capadocia, Siria y Palestina hasta Egipto hacia el año 1780 a. de C. Que consiguieran tan fácilmente instalarse en el Egipto septentrional con su capital en Pelusio, en el brazo canópico del delta del Nilo, sólo puede explicarse por una alianza con los habitantes fenicios de Biblos. Esta ciudad, protectorado de Egipto desde tiempos muy primitivos, era la «Tierra de Negu» («Arboles») de la que los egipcios importaban la madera, y en un sello cilíndrico del Imperio Antiguo aparece Adonis, el dios de Biblos, en compañía de la cornuda diosa Luna, Isis, o Hathor, o Astarté. Los habitantes de Biblos, juntamente con los cretenses, se encargaban de los transportes —los egipcios aborrecían el mar— y tenían factorías en Pelusio y otras partes del Bajo Egipto desde tiempos muy primitivos. A juzgar por la leyenda homérica acerca del rey Proteo, los colonos pelasgos más antiguos del delta utilizaban Faros, la isla faro frente a la que luego sería Alejandría, como su isla oracular sagrada. Proteo, el oracular Anciano del Mar, que era rey de Faros y vivía en una cueva —donde Menelao le consultó— tenía el poder de cambiar de forma, como Merddin, Dioniso, Atabirio, Llew Llaw, Periclimeno y todos los héroes solares de la misma clase. Evidentemente Faros era su Isla de Avalón. El hecho de que Apuleyo relacione el sistro de Osiris, utilizado para ahuyentar al dios Set, con Faros indica que a Proteo y Osiris se les consideraba allí como la misma persona. Proteo, según Virgilio, tenía otra isla sagrada, Carpatos, entre Creta y Rodas, pero ése era el Proteo tesalio. Otro Proteo, llamado Preto, era arcadio.
Sería un gran error creer que Faros era una isla sagrada apartada donde sólo vivían los encargados del oráculo: cuando Menelao llegó allí con sus naves entrón en el puerto más grande del Mediterráneo[6]. Gastón Jondet, en Les ports submergés de l’ancienne Ile de Pharos (1916), ha comprobado la existencia allí, inclusive en épocas prehelénicas, de un vasto sistema de obras; portuarias, ahora sumergidas, que superan en extensión; a la isla misma. Consistían en una dársena interior que abarcaba 150 acres y una dársena exterior de más o menos la mitad de ese tamaño, y los macizos malecones, espolones y muelles estaban construidos con piedras enormes, algunas de las cuales pesaban seis toneladas. Esas obras parecen haber sido realizadas hacia el final del tercer milenio a. de C. por obreros egipcios, de acuerdo con planes sometidos a las autoridades locales por arquitectos navales cretenses o fenicios. El amplio desembarcadero situado a la entrada del puerto estaba hecho con bloques sin labrar, algunos de dieciséis pies de longitud, profundamente estriados con un ajedrezado de pentágonos. Como los pentágonos son figuras inconvenientes para el ajedrezado, en comparación con los cuadrados y hexágonos, el número cinco debía tener algún significado religioso importante. ¿Era Faros el centro de un sistema calendario de cinco estaciones?
La isla estaba extrañamente relacionada con los números cinco y setenta y dos a comienzos de la era cristiana: los judíos de Alejandría solían visitar la isla para asistir a un festival anual (¿de cinco días?) y la excusa era que los Cinco Libros de Moisés habían sido traducidos allí milagrosamente al griego por setenta y dos doctores de la Ley (la versión de los Setenta) que habían trabajado durante setenta y dos días para ello, cada uno separado de los demás, y al terminar la tarea se encontraron con que todas sus traducciones coincidían exactamente. Hay algo detrás de este mito. Todos los festivales análogos del mundo antiguo conmemoraban algún tratado o acta de confederación tribal de una época anterior. Sigue siendo oscura la ocasión que se conmemoraba en este caso, a menos que el faraón que se casó con Sara, la diosa madre de la tribu de «Abrahán» que visitó Egipto al final del tercer milenio, fuese el rey-sacerdote de Faros. Si es así, el festival recordaría el casamiento sagrado mediante el cual los antepasados de los hebreos se unieron a la gran confederación de los Pueblos del Mar, cuya base más fuerte era Faros. Los hebreos parecen haber residido continuadamente en el Bajo Egipto durante los dos milenios siguientes, y el significado del festival habría sido olvidado en la época en que el Pentateuco fue traducido al griego.
En la Odisea, que es un romance popular que no depende en absoluto de los detalles míticos, las transformaciones de Proteo son descritas como de león, serpiente, pantera, jabalí, agua, fuego y árbol frondoso. Ésta es una lista miscelánea[7] que recuerda la deliberadamente revuelta de Gwion que comienza con los «Yo he sido». El jabalí es el símbolo del mes G; el león y la serpiente son símbolos de estación; la pantera es un animal mítico medio leopardo y medio león consagrado a Dioniso. Es lástima que Homero no diga cuál es el árbol frondoso; su asociación aquí con el agua y el fuego sugiere el aliso, o el cornejo, consagrado a Proteo, dios del tipo de Bran, aunque en la fábula Proteo queda reducido a un simple guardián de focas al servició del dios Poseidón.
Esquilo llama ogigiano al Nilo, y el gramático bizantino Eustaquio dice que Ogigia fue el nombre primitivo de Egipto. Esto indica que la isla de Ogigia gobernada por Calipso, la hija de Atlas, era en realidad Faros, donde Proteo, alias Atlas o «El Sufriente», tenía un santuario oracular. Faros, dominaba la desembocadura del Nilo, y los marineros griegos hablarían de «navegar Ogigia» más bien que de «navegar a Egipto»; sucede con frecuencia que una pequeña isla utilizada como factoría da su nombre a toda una provincia; Bombay es un ejemplo de ello. Hesíodo llama también ogigianas a las aguas del Estigia, no (como sugieren Liddell y Scott) porque ogigiano significa vagamente «primitivo», sino porque las fuentes estaban en Lusi, la sede de las tres hijas oraculares de Preto, que es al parecer el mismo personaje que Proteo.
Cuando los de Biblos llevaron a Egipto a su dios de la tempestad sirio, el que transformado en jabalí mataba anualmente a su hermano Adonis, el dios que nacía siempre bajo una higuera, lo identificaron con Set, el antiguo dios del desierto egipcio cuyo animal sagrado era el onagro y que anualmente mataba a su hermano Osiris, el dios de la vegetación del Nilo. Eso debe de ser lo que el fenicio Sanchthoniatho, en un fragmento conservado por Filón, quiere decir cuando afirma que los misterios de Fenicia fueron llevados a Egipto. Dice que los dos primeros inventores de la raza humana, Upsouranios y su hermano Ousous, consagraron dos columnas al fuego y el viento, presumiblemente la Jachin y la Boaz que representaban a Adonis, dios del año creciente y del sol recién nacido, y a Tifón, dios del año menguante y de los vientos destructores. Los reyes hicsos, bajo la influencia de Biblos, convirtieron igualmente a su dios de la tempestad en Set, y su nuevo hermano, el Osiris hicso, o Adonis, o Dioniso, hizo una visita de cortesía a su equivalente pelasgo, Proteo, rey de Faros.
En tiempos predinásticos Set debió de ser el jefe de todos los dioses de Egipto, pues el signo de realeza que llevaban todos los dioses dinásticos era el cetro de caña con orejas de asno de Set. Pero había disminuido su importancia antes de que los hicsos revivificaran su culto en Pelusio, y volvió a la oscuridad cuando fueron expulsados de Egipto unos doscientos años después por los faraones de la XVIII Dinastía[8]. Los egipcios lo identificaban con la orejuda constelación Orion, «Señor de las Cámaras del Sur», y «El Aliento de Set» era el viento sur proveniente de los desiertos, el que, como ahora, causaba una oleada de violencia criminal en Egipto, Libia y la Europa meridional siempre que soplaba. El culto del Set de orejas de asno en la Judea meridional está probado por el relato de Apión acerca de la máscara de asno dorada de la edomita Dora tomada por el rey Alejandro Janeo y robada hábilmente mi Jerusalén por un tal Zabidus. El asno aparece en muchas de las anécdotas más obviamente iconotrópicas del Génesis y en los primitivos libros históricos de la Biblia: Saúl elegido rey cuando busca los asnos perdidos de Kish; el asno que estaba con Abrahán cuando se disponía a sacrificar a Isaac; el asno cuya quijada utilizó Sansón contra los filisteos; el asno de Balaán con su voz humana. Además, al tío de Jacob, Ismael, hijo de Agar, con sus doce hijos, se le describe en Génesis, XVI, 12 como un «onagro de hombre». Esto indica una confederación religiosa de trece tribus adoradoras de la diosa del desierto meridional, bajo la dirección de una tribu dedicada a Set. Ismael significa quizás «el hombre amado», el favorito de la diosa.
La leyenda del frigio Midas y las orejas de asno confirma esta asociación de Dioniso y Set, pues Midas, hijo de la Diosa Madre, era devoto de Dioniso. La leyenda es claramente iconotrópica, y a Midas se le ha identificado confiadamente con Mita, rey de los mosquianos, o mushquis, pueblo proveniente de Tracia —originalmente del Ponto— que destruyó el poder de los hititas hacia el año 1200 a. de C., cuando tomaron Pteria, la capital hitita. Mita era un nombre dinástico y se dice que significaba «semilla» en el lenguaje órfico; Herodoto menciona ciertas rosaledas de Midas en el monte Bermios de Macedonia, plantadas antes de la invasión mosquiana del Asia menor. Es probable que su nombre griego moschoi, «hombres terneros», se refiera a su culto del Espíritu del Año como un ternero: un becerro de oro como el que los israelitas pretendían haber sacado de Egipto.

Robert Graves

La Diosa Blanca, 2

Gramática Histórica del Mito Poético

Título original: The White Goddess — A Historical Grammar of Poetic Mith

Robert Graves, 1949

Traducción: Luis Echávarri

Editor digital: Rusli

Retoque de gráficos: Piolin

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