Oscar Wilde (Poemas)

APOLLONIA-SAINTCLAIRE-EROTICA-DRAGON

Impressions de théatre

FabiendeiFranchi

A mi amigo Henry Irving

La silenciosa estancia, la pesada sombra avanzando furtiva,
los muertos inmóviles viajando, la puerta que se abre,
el hermano asesinado que levita a través del piso,
los blancos dedos del fantasma posados en tus hombros
y luego, el duelo solitario en el valle,
las rotas espadas, el ahogado grito, la sangre,
tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado.
Están bien esas cosas; ¡pero tú fuiste hecho
para más augustas creaciones! Lear enloquecido
debería a tu arbitrio vagar por el brezal nativo
con el tonto ruidoso que se mofa; Romeo
por ti atraería su amor, y el miedo desesperado
sacaría de su vaina la daga cobarde de Ricardo.
¡Tú, presto instrumento al soplo de los labios de Shakespeare!

Phedre

A Sarah Bernhardt

Qué vano y qué tedioso nuestro mundo ordinario parecerá
a alguien Como tú, que en Florencia
habrías conversado con Mirandola, o caminado
entre los frescos olivares de Academos:
habrías recogido cañas de la verde corriente
para la aguda flauta de Pan, pies de cabrito,
y tocado con las blancas niñas en el valle Feacio
donde el grave Odiseo de su profundo sueño despertara.

¡Ah!, en verdad, una urna de ática arcilla 4
guardó tu polvo pálido, y has venido otra vez
a este mundo ordinario, tedioso y vano,
fatigada de los días sin sol,
de campos rebosantes de asfódelos insípidos,
de labios sin amor, con que besan los hombres en el Infierno.

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001

La tumba de Keats :

Libre de la injusticia del mundo y su dolor,
descansa al fin bajo el velo azul de Dios:
arrebatado a la vida cuando vida y amor eran nuevos,
el mártir más joven yace aquí,
justo cual Sebastián y tan temprano muerto.
Ningún ciprés ensombrece su tumba, ni tejo funeral,
sino amables violetas con el rocío llorando
sobre sus huesos tejen cadena de perenne floración.
¡Oh, altivo corazón que destruyó el dolor!
¡Oh, los labios más dulces desde los de Mitilene!
¡Oh, pintor-poeta de nuestra tierra inglesa!
Tu nombre inscribióse en el agua; y habrá de perdurar:
lágrimas como las mías conservarán tu memoria verde,
como el pote de albahaca Isabella.¹
(ROMA)

¹Alusión al poema de Keats intitulado Isabella, inspirado en un cuento de
Boccaccio. (N. del T )

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001

Mi voz

En este mundo inquieto, moderno, apresurado,
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
y agotada la carga del navío.

Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas,
pues el llorar es mi contento huido
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca
y la ruina corre las cortinas de mi lecho.

Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti
solamente una lira, un laúd, el encanto sutil
delvioloncello, la música del mar
que duerme, mímico eco, en su concha marina.

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001

Nueva contrición

El pecado fue mío; yo no había comprendido.
Así de nuevo la música aprisionada está en su cueva,
excepto ese lugar donde ola irregular y moribunda
impacienta con sus inquietos remolinos esta magra ribera.
Y en el pozo marchito de esta tierra
el verano ha cavado una tumba tan honda
que apenas puede el plomizo sauce ansiar
una plateada flor de la afilada mano del invierno.

Pero, ¿quién es aquel que por la ribera viene?
Amor, mira y pregúntate. ¿Quién es ése
que viene con vestidos teñidos desde el Sur?
Es tu nuevo Señor, que besará
las no violadas rosas de tu boca,
y yo he de llorar, he de adorar, como antes.

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001

Soneto al acercarme a Italia

Llegué a los Alpes: mi alma ardía
al oír tu nombre: Italia, Italia mía.
Y al salir del corazón de la montaña
la tierra avizoré por la que mi alma tanto suspirara,
y reí, como quien gran premio conquistara,
y meditando en lo maravilloso de tu fama
el día contemplé hasta que lo marcaran heridas de llama
y el cielo turquesa fuera oro bruñido.
Los pinos ondeaban como cabellos de mujer
y en los huertos cada rama sarmentosa
se abría en copos de floreciente espuma.
Pero al saber que allá lejos en Roma
en cadenas injustas otro Pedro yacía
lloré de ver tierra tan bella.

Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001

Oscar Wilde

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