Pensamientos II

193) 838

Jesucristo realizó milagros, y luego los apóstoles, y los primeros santos, muchos; porque, dado que las profecías todavía no estaban cumplidas y se cumplían por ellos, sólo los milagros servían de testimonios. Estaba predicho que el Mesías convertiría a las naciones a. ¿Cómo se habría cumplido esta profecía, sin la conversión de las naciones? ¿Y cómo las naciones se habrían convertido al Mesías, si no hubieran visto este último efecto de las profecías que lo prueban? Por lo tanto, antes de su muerte, de su resurreción y de la conversión de las naciones, todo no estaba cumplido; así pues, fueron necesarios milagros durante todo ese tiempo. Ahora, ya no se necesitan contra los judíos, pues las profecías cumplidas son un milagro subsistente.

117) 839

“Si no creéis en mí, creed, por lo menos, en los milagros.” a Él los remite a los milagros como al argumento de mayor fuerza.
Tanto a los judíos como a los cristianos se les había dicho que no creyesen siempre en los profetas b; pero, sin embargo, los fariseos y los escribas conceden gran importancia a sus milagros y tratan de demostrar que son falsos o producidos por el diablo c: porque era necesario que quedaran convencidos si reconocían que eran milagros de Dios.
Actualmente, no estamos obligados a tal discernimiento. Sin embargo, es muy fácil hacerlo: los que no niegan ni a Dios ni a Jesucristo no realizan milagros que no sean seguros. Nemo facit virtutem in nomine meo, et cito possit de me male loqui d.
Pero no estamos obligados a tal discernimiento. He aquí una reliquia sagrada. He aquí una espina de la corona del Salvador del mundo, sobre el cual el príncipe de este mundo no tiene poder; ella realiza milagros por el propio poder de esa sangre vertida por nosotros. Y Dios mismo elige esta casa e para que en ella brille su poder.
Estos milagros no los realizan algunos hombres por una virtud desconocida y dudosa, que nos obliga a una crítica difícil. Los realiza Dios mismo; es el instrumento de la Pasión de su Hijo único, el cual, estando en varios lugares, ha elegido éste, y convoca desde todas partes a los hombres para que aquí reciban esos alivios milagrosos en sus dolencias f.

463) 840

La Iglesia tiene tres clases de enemigos: los judíos, que nunca pertenecieron a su cuerpo; los heréticos, que se han retirado de él; y los malos cristianos, que la desgarran por dentro.
Estas tres clases de diferentes adversarios la combaten, por lo general, de manera diversa. Pero, en esto, la combaten de la misma manera. Como todos carecen de milagros, y porque la Iglesia siempre dispuso contra ellos de milagros, todos tuvieron el mismo interés en eludirlos, y todos utilizaron la misma derrota: no hay que juzgar acerca de la doctrina por los milagros, sino acerca de los milagros por la doctrina a. Había dos partidos entre quienes escuchaban a Jesucristo: unos seguían su doctrina a causa de sus milagros; otros decían … b. Había dos partidos en tiempos de Calvino
… Ahora están los jesuitas, etc.

463) 841

Los milagros disciernen las cosas dudosas: el pueblo judío y el pueblo pagano, el pueblo judío y el pueblo cristiano; católicos, heréticos; calumniados y calumniadores; las dos cruces.
Pero los milagros serían inútiles para los heréticos; en efecto, la Iglesia, autorizada por los milagros que han preocupado a la fe, nos dice que no tienen la verdadera fe. Sin duda, no la tienen, puesto que los primeros milagros de la Iglesia excluyen la fe en los de ellos. De este modo, hay milagro contra milagro, pero los primeros y mayores en favor de la Iglesia.
Esas monjas asombradas de lo que se dice (que ellas están en el camino de la perdición, que sus confesores las conducen a Ginebra y les insinúan que Jesucristo no está en la Eucaristía ni a la diestra del Padre); ellas saben que todo esto es falso, por lo tanto se ofrecen a Dios en ese estado: Vide si via inquietatis in me est b.

Y entonces, ¿qué ocurre?.
Ese lugar, que dicen ser el templo del diablo, Dios lo convierte en su templo. Dicen que hay que sacar de él a los niños: Dios allí los cura. Dicen que es el arsenal del infierno: Dios lo convierte en el santuario de sus gracias. En fin, las amenazan con todos los furores y todas las venganzas del cielo, y Dios las colma con sus favores. Así pues, sería necesario haber perdido el juicio para inferir de eso que están en el camino de la perdición.

(Sin duda, se dan, acerca de eso, las mismas señales de San Atanasio.)
489) 842

“Si tu es Christus, dic nobis.” a
“Opera quae ego facio in nomine patris mei, haec testimonium perhibent de me. Sed vos non creditis quia non estis ex ovibus meis. Oves mei vocem meam audiunt.” b
Job-, VI, 30- “Quod ergo tu facis signum ut videamus et credamus tibi?” – Non dicunt: Quam doctrinam praedicas? c
“Nemo potest facere signa quae tu facis nisi Deus fuerit cum eo.”d
II Mac., XIV, 15. “Deus qui signis evidentibus suam portionem protegit.”e

“Volumus signum videre de caelo, tentantes eum.” Luc., XI,:16
f.

“Generatio prava signum quaerit; et non dabitur.” g”Et ingemiscens ait: Quid generatio ista signum quaerit?” (Mar.,
VIII, 12.)h Ella pedía un signo con mala intención.
“Et non poterat facere.” i Y, sin embargo, él les promete el signo de Jonás, de su resurrección, el grande e incomparable j.
“Nisi videritis signa, non creditis”k. É1 no los censura por el hecho de que no crean si no hay milagros; sino de que no crean si ellos mismos no son los espectadores.
– El Anticristo in signis mendacibus 1, dice San Pablo, II Tes., II.
“Secundum operationem Satanae, in seductione iis qui pereunt eo quod charitatem veritatis non receperunt ut salvi fierent, ideo mittet illis Deus optationes erroris ut credant mendacio.” m
Como en el pasaje de Moisés: tentat enim vos Deus, utrum diligatis eum n.

Ecce praedixi vobis: vos ergo videte n’.
471) 843

No es este el país de la verdad: la verdad yerra desconocida entre los hombres. Dios la ha cubierto con un velo, que impide que la reconozcan quienes no escuchan su voz. El lugar es accesible a la blasfemia, y aun sobre verdades por lo menos muy aparentes. Se publican las verdades del Evangelio, pero se publican también las contrarias, y se oscurecen los problemas de modo que el pueblo no puede discernir. Y se pregunta: “¿Qué razones tenéis en vuestro favor para que os crean a vosotros y no a los otros? ¿Qué signo procuráis? Vosotros sólo tenéis palabras, y nosotros también. Si tuvierais milagros, bien.” La doctrina debe ser sostenida por los milagros: es una verdad, pero de ella se abusa para blasfemar de la doctrina. Y si los milagros suceden, se dice que los milagros no bastan sin la doctrina: es otra verdad, para blasfemar de los milagros.
Jesucristo curó al ciego de nacimiento y realizó muchos milagros, en el día del sábado. Con lo cual cegaba a los fariseos, que decían que se debía juzgar acerca de los milagros de acuerdo con la doctrina a.
“Tenemos a Moisés, pero ése, no sabemos de dónde es” b, Admirable es que no sepáis de dónde es, y, sin embargo, realiza tales milagros.

Jesucristo no hablaba ni contra Dios ni contra Moisés. El Anticristo y los falsos profetas, predichos por los
dos Testamentos, hablarán abiertamente contra Dios y contra Jesucristo. Quien no está en contra c, quien fuera enemigo cubierto, Dios no permitiría que realizara milagros abiertamente.
Nunca, en una disputa pública en la que los dos partidos se encomiendan a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia, los milagros están por los falsos cristianos y los otros carecen de milagros.
“Tiene al diablo.” Job., X, 21. Y los otros decían: “¿Puede el diablo abrir los ojos de los ciegos?”
Las pruebas que Jesucristo y los apóstoles extraen de las Escrituras no son demostrativas; en efecto, sólo dicen ellos que Moisés dijo que vendría un profeta, pero no dan la prueba de que se trata de ése, y en esto residía toda la cuestión. Así pues, esos pasajes sólo sirven para demostrar que no estamos en contra de las Escrituras y que no hay señales de repugnancia, pero no que exista acuerdo. Ahora bien, esto basta: exclusión de repugnancia, con milagros.
473) Hay un deber recíproco entre Dios d y los hombres. Sin embargo, hay que llegar. Venite. Quod debui? e “Acusadme”, dice Dios en Isaías.

Dios debe cumplir su promesa, etc.
Los hombres tienen un deber para con Dios: recibir la religión que él les envía. Dios tiene un deber para con los hombres: no inducirlos en error. Pues bien, serian inducidos en error si los hacedores /de/ milagros anunciaran una doctrina que no pareciera evidentemente falsa al sentido común, y si un hacedor de milagros más grande no hubiera advertido ya que no se creyera en ellos.
Por ejemplo, los hombres habrían sido inducidos en error si hubiera división en la Iglesia y si los arrianos, que afirmaban basarse sobre las Escrituras tanto como los católicos, hubiesen realizado milagros, y los católicos no.
En efecto, así como un hombre que nos anuncia los secretos de Dios no es digno de que se lo crea sobre la base de su autoridad privada, y por eso los impíos dudan de él, del mismo modo un hombre que, como señal de la comunicación que tiene con Dios, resucita a los muertos, predice el porvenir, transporta los mares, cura a los enfermos, no hay impío que se le resista, y la incredulidad de Faraón y de los fariseos es el efecto de una inflexibilidad sobrenatural.

Blaise Pascal

PensamieLeonora Carringtonntos II

Título Original: Pensées
Autor: Pascal, Blaise
ISBN: 9788420658247
Generado con: QualityEbook v0.62

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