LOS CUADERNOS AZUL Y MARRÓN

Así también, en muchos casos el actuar voluntaria (o involuntaria¬mente) está caracterizado como tal por una multitud de circunstancias en las que se realiza la acción, más bien que por una experiencia a la que llamásemos característica de la acción voluntaria. Y, en este sentido, es cierto decir que lo que sucedió cuando me levanté de la cama —cuando yo diría con certeza que no era involuntario— fue que me encontré a mí mismo levantándome. O mejor dicho, éste es un caso posible; pues, naturalmente, cada día sucede una cosa diferente.
15. Las dificultades a las que hemos estado dando vueltas des¬de el § 7 estaban todas conectadas estrechamente con el uso de la pala¬bra “particular”. Hemos tendido a decir que al ver objetos familiares tenemos una sensación particular, que la palabra “rojo” se presen¬taba de un modo particular cuando reconocimos el color como rojo, que tuvimos una experiencia particular cuando actuamos voluntaria¬mente.
Ahora bien, el uso de la palabra “particular” es apto para produ-cir una especie de desilusión y, en términos generales, esta desilusión se produce por el doble uso de esta palabra. Por una parte, podemos decir, se usa de un modo preliminar respecto de una especificación, una descripción o una comparación; por otra, podría describirse su uso como enfático. Llamaré transitivo al primer uso e intransitivo al segundo. Así, yo digo por una parte “Esta cara me produce una im¬presión particular, que no puedo describir”. La frase del segundo

200 Ludwig Wittgenstein
tipo puede significar algo semejante a: “Esta cara me produce una fuerte impresión”. Estos ejemplos serían quizá más llamativos si sus¬tituyésemos “particular” por la palabra “peculiar”, pues a “peculiar” pueden aplicársele los mismos comentarios. Si yo digo “Este jabón tiene un olor peculiar: es del tipo que usábamos cuando éramos pe¬queños”, la palabra “peculiar” puede estar usada simplemente como una introducción a la comparación que la sigue, como si yo dijese “Voy a decirle a qué huele este jabón…”. Por otra parte, si yo digo “¡Este jabón tiene un olor peculiar!” o “Tiene un olor muy pecu¬liar”, “peculiar” sustituye aquí a alguna expresión del tipo de “fuera de lo corriente”, “desacostumbrado”, “chocante”.
Podríamos preguntar “¿Dijo usted que tenía un olor peculiar como opuesto a un olor no peculiar, o que tenía este olor como opuesto a algún otro olor, o quería usted decir tanto lo primero como lo segundo?”. Ahora bien, ¿qué caso se daba cuando yo dije, filoso¬fando, que la palabra “rojo” se presentaba de un modo particular cuando yo describía como rojo algo que yo veía? ¿Es que yo iba a describir la forma de presentarse la palabra “rojo”, como si dijese “Se presenta siempre con más rapidez que lo hace la palabra ‘dos’ cuando estoy contando objetos coloreados” o “Se presenta siempre con una sacudida”, etc.? ¿O es que yo quería decir que “rojo” se presenta de un modo chocante? Ninguna de ambas cosas exacta¬mente. Pero desde luego más lo segundo que lo primero. Para ver esto más claramente, consideren otro ejemplo: Por supuesto, ustedes están cambiando constantemente a lo largo del día la posición de su cuerpo; quédense quietos en cualquiera de estas actitudes (mien¬tras escriben, leen, hablan, etc.) y díganse a sí mismos “Ahora estoy en una actitud particular” del mismo modo en que dicen “‘Rojo’ se presenta de un modo particular…”. Observarán que pueden decirlo de una forma bastante natural. Pero ¿no están siempre en una acti-tud particular? Y, por supuesto, ustedes no querían decir que estu-viesen precisamente entonces en una actitud particularmente cho-cante. ¿Qué fue lo que sucedió? Ustedes se concentraron sobre sus sensaciones, las miraron de hito en hito, por así decirlo. Y esto es exactamente lo que hicieron cuando dijeron que “rojo” se presentaba de un modo particular.
“¿Pero acaso no quise yo decir que ‘rojo’ se presentaba de modo diferente a ‘dos’?”. Usted puede haber querido decir esto, pero la expresión “Se presentan de modos diferentes” es capaz de crear con¬fusión por sí misma. Supongan que yo dijese “Smith y Jones entran

Cuadernos azul y marrón 201
siempre en mi habitación de modos diferentes”: yo podría continuar y decir “Smith entra rápidamente, Jones despacio”; estoy especifi-cuando los modos. Por otra parte, yo podría decir “No sé cuál es la diferencia”, dando a -entender que estoy intentando determinar la diferencia, y quizá más tarde diré “Ahora sé lo que es; es…”. Por el contrario, yo podría decirles que vinieron de modos diferentes y ustedes no sabrían qué hacer con este enunciado y tal vez responde¬rían “Por supuesto que vienen de modos diferentes; efectivamente son diferentes”. Podríamos describir nuestra dificultad diciendo que nos parece como si pudiésemos dar un nombre a una experiencia sin comprometernos simultáneamente sobre su uso y de hecho sin inten¬ción alguna de usarla siquiera. Así, cuando yo digo que “rojo” se presenta de un modo particular…, noto que yo podría darle ahora un nombre a este modo, si no tiene todavía ninguno, digamos “A”. Pero al mismo tiempo yo no estoy dispuesto en modo alguno a decir que reconozco que es éste el modo en que se ha presentado siempre “rojo” en tales ocasiones, ni siquiera a decir que hay, por ejemplo, que reconozco que es éste el modo en que se ha presentado siempre Ustedes podrían decir que los dos modos de presentarse “rojo” y “dos” pueden identificarse, por ejemplo, intercambiando el significado de las dos palabras, usando “rojo” como el segundo numeral cardinal y “dos” como el nombre de un color. De esta forma, al preguntár¬seme cuántos ojos tengo, yo respondería “rojo”, y a la pregunta “¿Cuál es el color de la sangre?” respondería “dos”. Pero la cues¬tión que surge ahora es la de si puede identificarse el ‘modo de pre¬sentarse estas palabras’ con independencia de los modos en que se usan, quiero decir los modos acabados de describir. ¿Querían decir que cuando se usa la palabra de este modo se presenta siempre del modo A, como puede comprobarse empíricamente, pero que la pró¬xima vez puede presentarse del modo que suele hacerlo “dos”? Ve¬rán entonces que no querían decir nada de este tipo.
Lo que es particular en el modo de presentarse “rojo” es que se presenta mientras se está filosofando sobre ella, igual que lo que es particular respecto a la posición de su cuerpo cuando se concen¬traron sobre él era la concentración. Nos vemos a nosotros mismos a punto de describir el modo, cuando en realidad no estamos opo¬niéndolo a ningún otro modo. Estamos subrayando, no comparando, pero nos expresamos como si la insistencia fuese realmente una com¬paración del objeto consigo mismo; parece haber una comparación reflexiva. Permítaseme que yo me explique de este modo: supongan

202 Ludwig Wittgenstein
que yo hablo del modo que tiene A de entrar en la habitación; yo puedo decir “Me he dado cuenta del modo en que A entra en la habitación” y al preguntárseme “¿Cuál es?”, puedo responder “Mete siempre la cabeza en la habitación antes de entrar”. Aquí me estoy refiriendo a un rasgo definido, y podría decir que B tenía el mismo modo de hacerlo o que A ya no lo tenía. Consideren, por otra parte, el enunciado “He estado observando el modo que tiene A de sen¬tarse y de fumar”. Yo quiero dibujarle tal como está. En este caso no necesito estar en condiciones de dar descripción alguna de una característica particular de su actitud y mi enunciado puede signifi¬car precisamente “He estado observando a A cuando se sentó y fumó”. En este caso, ‘el modo’ no puede ser separado de él. Ahora bien, si yo desease dibujarle tal como se sentó, y estuviese contemplando y estudiando su actitud, mientras lo hiciese tendería a decir y a repe¬tirme a mí mismo “Tiene un modo particular de sentarse”. Pero la contestación a la pregunta “¿Qué modo?” sería “Pues este modo” y tal vez uno lo indicaría dibujando los perfiles característicos de su actitud. Por otra parte, mi expresión “Tiene un modo particular…” podría haber tenido que ser traducida simplemente por “Estoy con¬templando su actitud”. Poniéndola en esta forma hemos desenmara¬ñado la proposición, por así decirlo; mientras que en su primera forma su significado parece describir un nudo, es decir, parece que la palabra “particular” está usada aquí transitivamente y, más concre¬tamente, reflexivamente, es decir, estamos considerando su uso como un caso especial del uso transitivo. Tenemos tendencia a responder a la pregunta “¿A qué modo se refiere?” con “A este modo”, en vez de responder: “No me refería a ningún rasgo particular; me limitaba a contemplar su posición”. Mi expresión hacía que pareciese que yo estaba poniendo de relieve algo relativo a su modo de sentarse, o, en nuestro caso anterior, al modo de presentarse la palabra “rojo”, cuan¬do lo que me hace usar aquí la palabra “particular” es que por mi actitud hacia el fenómeno estoy poniendo énfasis en él: me estoy concentrando en él, o repasándolo mentalmente, o dibujándolo, etc.
Ahora bien, ésta es una situación característica en la que nos en-contramos cuando pensamos sobre problemas filosóficos. Hay muchas dificultades que surgen de este modo: una palabra tiene un uso tran¬sitivo y otro intransitivo, y consideramos el segundo como un caso particular del primero, explicando la palabra, cuando está usada in¬transitivamente, por medio de una construcción reflexiva.
Así decimos “Por ‘kilogramo’ entiendo el peso de un litro de

Cuadernos azul y marrón 203
agua”, “Por ‘A’ entiendo ‘B’, siendo B una explicación de A”. Pero existe también el uso intransitivo: “Dije que estaba harto de ello y lo pensaba”. Una vez más podríamos llamar aquí al pensar lo que dijo “repasarlo” o “poner énfasis en ello”. Pero el hecho de usar en esta frase la palabra “pensar” hace que parezca que tiene que tener sentido preguntar “¿A qué se refería usted?” y responder “Con lo que dije me refería a lo que dije”, tratando el caso de “Entiendo lo que digo” como un caso especial de “Diciendo ‘A’ entiendo ‘B'”. De hecho, se usa la expresión “Yo sé lo que me digo” para decir “No tengo explicación para ello”. La pregunta “¿Qué significa esta fra¬se p?”, si no pide una traducción de p a otros símbolos, no tiene más sentido que el de “¿Qué frase se forma con esta serie de pa¬labras?” 1:
Supongan que a la pregunta “¿Qué es un kilogramo?” yo respon-diese “Es lo que pesa un litro de agua”, y alguien preguntase “Bueno, ¿y qué pesa un litro de agua?”.
Nosotros usamos frecuentemente la forma reflexiva de hablar como medio de dar énfasis a algo. Y en todos estos casos nuestras expre¬siones reflexivas pueden ser ‘enderezadas’. Usamos así las expresio¬ne “Si no puedo, no puedo”, “Soy como soy”, “Es simplemente lo que es” y también “Esto es esto”. Esta última expresión significa tanto como “No hay más que hablar”, pero ¿por qué hemos de expresar “No hay más que hablar” mediante “Esto es esto”? La respuesta puede darse colocando ante nosotros una serie de interpretaciones que forman una transición entre las dos expresiones. Así, en vez de “No hay más que hablar” diré “El asunto está concluido”. Y esta expresión es como si diese carpetazo al asunto y lo archivase. Y darle carpetazo es como trazar una línea a su alrededor, como dibujamos
1 Como en este párrafo Wittgenstein utiliza el verbo inglés “to mean” abun-dantemente y de tal forma que no resulta posible traducirle por un único verbo castellano, considero conveniente reproducir el texto original a fin de que el lector pueda suplir por sí mismo matices o deficiencias de traducción. El original inglés dice:
Thus we say, “By ‘kilogram’ I mean the weight of one litre of water”, “By ‘A’ I mean ‘B’, where B is an explanation of A.” But there is also the intransitive use: “1 said that I was sick of it and meant it”. Here again, meaning what you said could be callea “retracting it”, “laying an emphasis on it”. But using the word “meaning” in this sentence makes it appear that it must have sense to ask “What did you mean?” and to answer “By what I said I meant what I said”, treating the case of “I mean what I say” as a special case of “By saying ‘A’ 1 mean ‘B'”. In fact one uses the expression “I mean what I mean” to say, “I have no explanation for it”. The question, “hat does this sentence p mean?”, if it doesn’t ask for a translation of p into other symbols, has no more sense than “What sentence is formed by this sequence of words?”. (N. del T.)

204 Ludwig Wittgenstein
a veces una línea alrededor de los resultados de un cálculo, marcán-dolo de este modo como el final. Pero esto le hace también resaltar; es un modo de darle énfasis. Y lo que hace la expresión “Esto es esto” es dar énfasis al ‘esto’.
Otra expresión análoga a las que acabamos de considerar es ésta: ” ¡ Aquí lo tienes; o lo tomas o lo dejas!”. Y esto es a su vez seme-jante a un tipo de afirmación introductoria que hacemos a veces antes de poner de manifiesto determinadas alternativas, como cuando deci¬mos: “O llueve o no llueve; si llueve, nos quedaremos en mi habi¬tación, si no…”. La primera parte de esta frase no es un elemento de información (igual que “Lo tomas o lo dejas” no es orden alguna). En lugar de “O llueve o no llueve” podríamos haber dicho “Conside¬ren los dos casos…”. Nuestra expresión subraya estos casos, los pre¬senta a su atención.
Está estrechamente conectado con esto el que al describir un caso como 30)1 tengamos tendencia a usar la expresión “Naturalmente, hay un número más allá del cual nadie de la tribu ha contado jamás; sea este número…”. Una vez enderezado, esto se lee: “Sea el nú-¬mero más allá del cual nadie de la tribu ha contado jamás…”. La razón por la que tendemos a preferir la primera expresión a la ende¬rezada es que dirige con más fuerza nuestra atención al límite supe¬rior de la escala de numerales usada por nuestra tribu en su práctica efectiva.
16. Consideremos ahora un caso muy instructivo de aquel uso de la palabra “particular” en el que no indica una comparación y, sin embargo, parece hacerlo a todas luces; el caso de que contemple¬mos la expresión de una cara dibujada toscamente del siguiente modo:

Dejen que esta cara produzca una impresión en ustedes. Pueden sentirse inclinados entonces a decir: “Sin duda, yo no veo meras rayas. Veo una cara con una expresión particular”. Pero ustedes no quieren decir que tenga una expresión notable, ni lo dicen como una introducción a una descripción de la expresión, aunque podríamos dar tal descripción y decir, por ejemplo, “Parece un complaciente hombre de negocios, estúpidamente altanero, que, aunque gordo, se imagina
1 Juego de lenguaje núm. 30 en la parte I del Cuaderno Marrón.

Cuadernos azul y marrón 205
-que es un Don Juan”. Pero se pensaría que esto era solamente una descripción aproximada de la expresión. A veces se dice: “Las pala¬bras no pueden describirlo exactamente”. Y, sin embargo, se percibe que lo que se llama la expresión de la cara es algo que puede sepa¬rarse del dibujo de la cara. Es como si pudiésemos decir: “Esta cara tiene una expresión particular: concretamente ésta” (señalando a algo). Pero si yo tuviese que señalar a algo en este lugar, tendría que ser al dibujo que estoy contemplando. (Estamos, por así decirlo, someti-dos a un engaño óptico que, por algún tipo de reflexión, nos hace pensar que hay dos objetos donde solamente hay uno. El engaño se ve ayudado por nuestro uso del verbo “tener”, al decir “La cara tiene una expresión particular”. Las cosas parecen diferentes cuando, en lugar de esto, decimos: “Esta es una cara peculiar”. Lo que una cosa es, pensamos, está unido a ella; lo que tiene, puede separarse de ella.)
‘Esta cara tiene una expresión particular’. Yo tiendo a decir esto cuando estoy tratando de que haga una impresión completa en mí.
Lo que viene a continuación es, como si dijéramos, un acto de digerirlo, de captarlo, y la expresión “captar la expresión de esta cara” sugiere que estamos captando una cosa que está en la cara y es diferente de ella. Parece que estamos buscando algo, pero no lo hacemos en el sentido de buscar un modelo de expresión fuera de la cara que vemos, sino en el sentido de tantear la cosa sin atención. Cuando dejo que la cara produzca una impresión en mí es como si existiese un doble de su expresión, como si el doble fuese el proto¬tipo de la expresión y como si el hecho de ver la expresión de la cara fuese encontrar el prototipo al que correspondiese; como si hu¬biese habido en nuestra mente un molde y la imagen que vemos hu¬biese caído en este molde, adaptándose a él. Pero más bien se trata de que dejamos que la imagen se sumerja en nuestra mente y haga allí un molde.

Ludwig Wittgenstein
LOS CUADERNOS AZUL Y MARRÓN
Prefacio de RUSH RHEES

This famous sonnet was written by Keats in his copy of 'The Poetical Works of William Shakespeare' (1819).-

EDITORIAL TECNOS
MADRID
L i b e r a l o s L i b r o s

Traducción de la 2a edición inglesa por
FRANCISCO GRACIA GUILLEN
1a edición, 1968 Reimp., 1976

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s