La conducta de la vida (fragmento)

ralph-waldo-emerson-448

Establezcamos con exactitud los hechos. Nuestra América tiene mala fama debido a la superficialidad. Los grandes hombres y las grandes naciones no han sido jactanciosos ni burlescos, sino que han advertido el terror de la vida y se las han arreglado para enfrentarse a él. El espartano, que incorporaba su religión a su país, moría ante su majestad sin vacilar. El turco, que cree que su condena se escribe en una hoja de hierro en el mismo momento en que entra en el mundo, se arroja a la espada de su enemigo con ánimo decidido. El turco, el árabe, el persa, aceptan el hado preestablecido.
Hay dos días en que no podrás alejarte de tu tumba,
el día señalado y el día sin señalar;
en el primero, ni el bálsamo ni el médico te salvarán,
ni el universo podrá acabar contigo en el segundo.
El hindú, bajo la rueda, es igual de firme. Nuestros calvinistas, en la última generación, tenían algo de esa misma dignidad. Sentían que el peso del universo los ponía en su sitio. ¿Qué podían hacer ellos? Los sabios perciben que hay algo de lo que no se puede hablar ni puede conjurarse, una correa o cinturón que ciñe el mundo.
El destino, ministro principal
que ejerce en todo el mundo
la previsión que Dios ha establecido,
es tan fuerte que, aunque el mundo haya jurado
lo contrario, sin embargo,
sucederá en un día
lo que no sucede en mil años;
pues nuestros apetitos,
sean de guerra o de paz, de odio o de amor,
están regulados por una suprema visión.
CHAUCER, El cuento del caballero.
La tragedia griega se expresaba en el mismo sentido: «Lo que está previsto, sucederá. No se puede transgredir la inmensa voluntad de Júpiter».
Los salvajes se inclinan ante un dios local de la tribu o la aldea. La amplia ética de Jesús fue rápidamente reducida a la teología de las parroquias, que predica la elección o el favoritismo. Siempre habrá párrocos amables, como Jung Stilling o Robert Huntington, que crean en una providencia mezquina, gracias a la cual, cuando el buen hombre quiere cenar, alguien llama a su puerta y le deja medio dólar. Pero la naturaleza no es sentimental; no nos acaricia ni nos mima. Hemos de dan nos cuenta de que el mundo es áspero y desabrido y de que no le importa que un hombre o una mujer se ahoguen; se tragará vuestro barco como una mota de polvo. El frío, sin acepción de personas, os hará estremecer, entumecerá vuestros pies, hará que un hombre se hiele como una manzana. Las enfermedades, los elementos, la fortuna, la gravedad, el relámpago no respetan a nadie. El camino de la providencia es algo rudo. El hábito de la serpiente y de la araña, el salto del tigre y otra sangrientos animales al acecho, el crujido de los huesos de la presa que la anaconda atrapa forman parte del sistema, y nuestros hábitos son semejantes. Acabáis de cenar y, por escrupulosamente oculto que esté el matadero a una adecuada distancia en millas, hay complicidad, razas extravagantes, una raza que vive a expensas de otra. El planeta está sometido al impacto de los cometas, a perturbaciones de otros planetas, a terremoto y erupciones volcánicas, a alteraciones del clima, a la precesión de los equinoccios. Los ríos se secan al talar el bosque. El mar cambia de lecho. Los pueblos y los condados se inundan. El Lisboa, un terremoto mató a los hombres como si fueran moscas. En Nápoles, hace tres años, diez mil personas quedaron aplastadas en unos minutos. El escorbuto en el mar, la espada del clima al oeste de África, en la Cayena, en Panamá, en Nueva Orleans, elimina hombres como en una masacre. Nuestras praderas occidentales se agitan con la fiebre y el paludismo. El cólera y la viruela se han mostrado tan mortales en algunas tribus como la escarcha con los grillos, que, tras haber llenado el verano con su sonido, callan cuando la temperatura desciende en una noche. Sin descubrir lo que no nos concierne, ni contar todas las especies de parásitos, ni tantear los parásitos intestinales, los infusorios o las oscuridades de la alternancia en la generación, las formas del tiburón, el labrus, la mandíbula del lobo de mar formada por apretados dientes, las armas de la orca y de otros guerreros ocultos en el mar son señales de ferocidad en el seno de la naturaleza. No lo neguemos. El camino de la providencia es salvaje, áspero e inescrutable hasta el final, y no sirve de nada tratar de disimular sus procedimientos oscuros y confusos ni vestir a ese benefactor terrible con la camisa limpia y el blanco alzacuello del estudiante de teología.
¿Podríamos decir que los desastres que amenazan a la humanidad son excepcionales y que no necesitamos llevar una cuenta diaria de los cataclismos? Sin embargo, lo que sucede una vez puede volver a suceder y, en la medida en que no paramos los golpes, hemos de temerlos.
Estos trastornos y esta ruina, aun así, son menos destructivos que el poder clandestino de otras leyes que obran sobre nosotros cada día. Reducir los fines a los medios es una señal del hado; la organización tiraniza el carácter. La casa de fieras o las formas y poderes de la espina dorsal son un libro del hado; el pico del ave y la cabeza de la serpiente determinan tiránicamente sus límites. Esa es la escala de las razas, de los temperamentos; así es el sexo, así es el clima, así es la reacción e los talentos que guardan el poder vital con un propósito determinado. El espíritu edifica su casa, pero luego la casa confina al espíritu.
Las líneas gruesas son legibles por el necio; el cochero es tal punto frenólogo: os mira a la cara para ver si su chelín está seguro. Arquear las cejas denota una cosa, la barriga otra; el bizqueo, una nariz respingona, la mata de pelo, el pigmento de la piel delatan el carácter. Los hombres parecen envueltos en su firme organización. Preguntadle a Spurzheim, preguntad a los doctores, preguntad a Quetelet si los temperamentos no deciden nada. Leed la descripción en los libros de medicina de los cuatro temperamentos y creeréis estar leyendo pensamientos propios en los que no habíais reparado. Fijaos en el papel que desempeñan los ojos negros y los ojos azules en una reunión. ¿Cómo podrá un hombre escapar de sus ancestros o extraer de sus venas la gota negra que proviene de la vida de su padre o su madre? A menudo ocurre en una familia que las cualidades de los progenitores se vierten en distintos recipientes —una cualidad dominante en cada hijo o hija de la casa— y, en ocasiones, el temperamento sin mezcla, el valioso elixir sin rebajar, el vicio de la familia, se vierte todo en un solo individuo y los otros quedan proporcionalmente aliviados. A veces, vemos en nuestros amigos un cambio de expresión y decimos que su padre o su madre se han asomado a las ventanas de sus ojos y, en ocasiones, un pariente lejano. En horas diferentes, un hombre representa a varios antecesores, como si hubiera siete u ocho de nosotros enrollados en la piel de un hombre —siete u ocho antecesores al menos—, que constituyen la variedad de notas de esa nueva pieza de música que es su vida. En la esquina de la calle, leemos las posibilidades de cada transeúnte en el ángulo facial, en la tez, en la profundidad de su mirada. Su parentesco lo ha determinado. Los hombres son lo que sus madres han hecho de ellos. Podríais preguntarle a un telar que teje una tela vulgar por qué no teje cachemira tanto como esperar poesía de un ingeniero o un descubrimiento químico de un jornalero. Pedidle al cavador en su zanja que explique las leyes de Newton: los finos órganos de su cerebro han sido estrujados por el exceso de trabajo y la escuálida pobreza de padres a hijos durante cien años. Cuando cada uno sale del seno de su madre, la puerta de los dones se cierra tras él. Dejadle que cuente sus manos y sus pies; sólo tendrá un par de cada. De igual modo, sólo tendrá un futuro que ya está determinado en sus lóbulos y descrito en su carita rechoncha, en su mansa mirada y en su forma ovalada. Todo el privilegio y la legislación del mundo no podrán intervenir ni ayudar a hacer de él un poeta o un príncipe.
Jesús dijo: «Quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio». Pero ya era adúltero antes de mirar a la mujer por la superfluidad animal y el defecto del pensamiento en su constitución. Quien se topa con él, o ella, en la calle, se da cuenta de que están dispuestos a ser víctimas.
En algunos hombres, la digestión y el sexo absorben la fuerza vital y, cuanto más fuertes son, más débil es el individuo. Cuantos más zánganos como esos perezcan, mejor para la colmena. Si luego dan vida a un individuo superior, con fuerza suficiente para añadir al animal un nuevo propósito y un aparato completo para desarrollarlo, los ancestros serán felizmente olvidados. La mayoría de los hombres y la mayoría de las mujeres no forman más que una mera pareja. En algún momento se abrirá una nueva celda o camarilla en su cerebro —una destreza para la arquitectura, la música o la filología, un gusto o talento desperdiciado para las flores, o la química, o los pigmentos, o para contar historias, o una buena mano para dibujar, buenos pies para bailar, una estructura atlética para largos viajes, etcétera—, pero esa habilidad no alterará la escala de la naturaleza, sino que servirá para pasar el tiempo, mientras que la vida de la sensación seguirá como antes. Al cabo, esos indicios y tendencias se fijarán en uno de ellos o en la sucesión. Cada uno absorbe tanto alimento y fuerza como necesita para convertirse en un nuevo centro. El nuevo talento derrocha tan rápidamente la fuerza vital que apenas le queda para satisfacer las funciones animales y menos para la salud, de modo que, en la segunda generación, si aparece un genio semejante, la salud se deteriora visiblemente y la fuerza generativa se reduce.
Las personas nacen con una inclinación moral o material, hermanos uterinos con un destino diferente, y supongo que, con grandes lentes de aumento, el señor Frauenhofer o el doctor Carpenter podrían distinguir en el embrión al cuarto día si este es un whig y aquel un partidario del Suelo Libre.

Título original: The Conduct of Life

Ralph Waldo Emerson, 1860

Edición, traducción y cronología: Javier Alcoriza y Antonio Lastra

Diseño de portada: Daruma

Editor digital: Daruma

ePub base r1.0

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s