Recordando a César Vallejo en el 77 aniversario de su muerte

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Era domingo por la tarde, del mes de marzo de 1938, cuando el poeta le dijo a su mujer, Georgette: “estoy cansado, voy a recostarme“. Y se recostó, y su mujer pudo apreciar que estaba fatigado, impresionantemente extenuado. La noticia de que el poeta estaba enfermo fue atrayendo a los amigos a su apartamento, y desfilaban frente a su cama preguntándole: “¿qué tienes?” “¿Te duele algo?” Sugiriéndole lo que debería hacer. Apuntando que habría que traer al médico tal. Dejando pasar erróneamente el tiempo, hasta que al fin alguien tomó una decisión y se acordó trasladarle a la clínica de cirugía Villa Aragó.

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En esa tarde Vallejo, mientras descansaba y sentía que la fiebre empezaba a abrasarle, debió haber pensado insistentemente en aquel poema escrito pocos años antes, Piedra negra sobre piedra blanca, en el que con impresionante clarividencia vaticinaba que se moriría en París. Debió no solamente haber…

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