Kurt

No

Kurt le pregunta cuáles han sido sus fantasías sexuales en los últimos días. Ella rehúsa hablar del asunto. Pretexta que un sentimiento de pudor no se lo permite. Kurt le pide entonces, tras un breve forcejeo, que ella le diga qué es lo que desea que hagan, antes de hacerlo. Vuelve a mostrarse renuente, pero se acerca a Kurt, sin dejar de apoyar las nalgas en el sofá de enfrente, y luego se tumba hacia atrás. Al fin irrumpe en su boca una respuesta, acompañada de un mohín no demasiado artificial y los ojos muy abiertos: ¡Por el culo no!
Antes no se había hablado de ello. La conversación se reanuda ahí, y ella da razones convencionales para su negativa (estrechez, sequedad, agujero inmundo, etc.). Kurt le dice que al fin sabe lo que quiere, pero necesita vaselina. Ella protesta, pero trae un pequeño bote, sin estrenar, que desenvuelve de un paquetito con aspecto de recién comprado. Confiesa entonces que su fantasía es con dos hombres, uno por cada agujero. Kurt dice que nunca será lo mismo, pero hará lo que pueda. Ella protesta de nuevo, se resiste, grita, antes de que ocurra nada, y lo hace bien colocada boca abajo, sin que nadie la fuerce a ello, ni se lo haya pedido.

7

Juegos de la memoria

Ella le cuenta deseos y fantasías, después de que Kurt, parando los primeros impulsos, logre dar al encuentro la morosidad precisa. Hablan de amor entre mujeres. Ella recuerda una noche, entre varias amigas y un hombre experto, de los que recurren a artefactos, fetiches y pomadas. En el juego, ella se puso un correaje con polla artificial, y penetró a una amiga. Explica a Kurt otros juegos realizados esa noche. Pero lo notorio (el resto es un tanto vulgar) es esto: al día siguiente no hablaron entre ellas de lo ocurrido, ni ella lo ha hecho desde entonces con las amigas del grupo, a las que frecuenta. Kurt se pregunta dónde habrá quedado ese recuerdo. ¿Se perderá para siempre, inexpresado, infértil? Más bien, cubierto de musgo y líquenes, bajo otro aspecto, formando ya parte de la biología de su dueña, aflorará una y otra vez bajo distintas formas: un cuerpo insepulto hecho fantasma. Pero Kurt ha de detener su reflexión, porque los ojos de ella le anuncian una voluntad irrevocable, y avanzan sobre él un metro antes que el cuerpo.

8

Plus ultra

Kurt descubre poco a poco que no le basta lo que tiene del cuerpo de ella: superficie, volúmenes, tacto, gusto, olores. Desea entrar en él, y no a través de vías convencionales. Quiere sus vísceras, lo que haya debajo de la piel y la carne: primero el exterior de ellas (que es interior del cuerpo), para después meterse dentro, en la geografía profunda, hecha de filamentos, láminas, vejigas, donde nacen sus reacciones (físicas, químicas, eléctricas) y está el fondo de su alma. Quiere saberla, estar en todos sus secretos, en el origen de sus secreciones, hasta entrar en una célula, y unirse a ella allí. Al pensar en lo que piensa, Kurt sonríe: tal vez lo está haciendo por cuenta de sus espermatozoos, que alguna vez harán uso también del cerebro común. Luego ve que no es así, pues no aspira a un útero, que no deja de ser una bahía en la costa de la mujer, sino a aventurarse tierra adentro, hasta perderse. Kurt se asusta, no sabe si ha llegado a la esencia del amor o al núcleo del crimen, y piensa si no convivirán ambos también en una célula, o la constituirán.

9

Es pronto para saberlo

En el barrido visual inconsciente, mientras pasea, aparece en la pantalla un objeto para el que los sensores piden atención. Se trata de una joven, de buen tamaño y formas, con los requerimientos básicos de una gran hembra. Una más precisa observación revela que es muy joven; lo dice el atuendo —un vestido corto y sin mangas desbordado por el crecimiento—, pero, sobre todo, cierto aspecto general de inconclusión: tobillos anchos, piernas que aguardan el último torneado, caderas que todavía se escurren algo y han de esperar a que las nalgas, poderosas ya, presionen unos grados hacia arriba la estructura, hasta amenazar con rebasarla. Kurt piensa que falta un tiempo para que la vida acabe este hermoso proyecto, que aún puede malograrse si no triunfa en la joven la tenaz voluntad de ser bella y deseada: una fuerza que mueve los mecanismos interiores y que, como una ortopedia, va ajustando día a día la arquitectura al propio modelo de sí misma.

Pedro de Silva

Kurt

La sonrisa vertical 106

Título original: Kurt

Pedro de Silva, 1998

Editor digital: ugesan64

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