Fragmento de La conducta de la vida

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Voltaire dijo: Croyez moi, l’erreur aussi a son mérite. Vemos a quienes, por cierto egoísmo o infatuación, superan obstáculos ante los que retrocede el hombre prudente. El buen partidario es un hombre embriagador y estrecho de miras que, por el hecho de no ver muchas cosas, ve alguna ion calor exageración y, si se junta con otros como él, o se aplica a objetos de poca importancia, como cierto negocio o política del momento, los prefiere al universo y parece inspirado y como llovido del cielo para los que desean magnificar la cuestión y decidirla. Resulta mejor, por cierto, si podemos asegurar la fuerza y el ardor que hombres rudos y apasionados aportan a la sociedad sin sus vicios. Pero ¿quién se atreverá a extraer la pezonera de la rueda del vagón? Resulta manifiesto que no se trata de una deformidad moral, sino de una buena pasión fuera de lugar. No hay hombre que no esté en deuda con sus manías: según el viejo oráculo, «las Furias son los vínculos de los hombres»; los venenos son las medicinas principales para acabar con la enfermedad y salvar la vida. Con el elevado estilo profético, Él causa la ira del hombre para ensalzarlo, y tuerce y convierte nuestro mal en nuestro bien. Shakespeare escribió:
Se dice que los mejores hombres son moldeados con sus defectos.
Grandes educadores y abogados y, en especial, generales y líderes de las colonias, confían principalmente en esta materia prima y consideran que los hombres de fuerza pasional e irregular son los mejores. Cierto hombre juicioso y enérgico, el último director de la Escuela de Agricultura del puerto de Boston, me dijo: «No quiero a ninguno de vuestros buenos chicos: dadme los malos». Esa es la razón, supongo, por la que tan pronto como adivinan que los niños son buenos, las madres se asustan y piensan que van a morir. Mirabeau dijo: «Sólo los hombres de fuertes pasiones son capaces de alcanzar la grandeza; sólo ellos son capaces de merecer la gratitud pública». La pasión, aunque sea un mal regulador, es una fuente poderosa. Toda pasión absorbente tiene el efecto de liberarnos de los pequeños problemas y cuidados de cada día; es el calor lo que hace girar nuestros átomos humanos, lo que supera la fricción al cruzar el umbral y lo que nos dirige primero en la sociedad y nos reporta un buen principio y velocidad, fácil de mantener una vez se ha empezado. En suma, no hay hombre alguno que no esté en algún momento en deuda con sus vicios, así como no hay planta que no se nutra del estiércol. Sólo insistimos en que el hombre mejora y en que la planta crece y convierte la naturaleza mezquina en algo mejor.

Ralph Waldo Emerson

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