POEMAS (Boris Pasternak)

pasternak-escribiendo

A un amigo

 

¿Acaso yo no sé que hundida en las tinieblas,

jamás a la luz llegaría, la ignorancia,

y que soy un monstruo, y que la dicha de cien mil

no me toca más que la falsa felicidad  de cien?

 

¿Y acaso yo no me ligo al quinquenio,

no me caigo y levanto con él?

Pero, ¿qué voy a hacer con mi caja torácica,

y con lo que es más rutinario que toda rutina?

 

No está bien que en los días del gran consejo,

en el que las plazas se han dado a la pasión suprema,

se deje la vacante del poeta:

ésta es peligrosa, si no está vacía.

 

1931

 

Versión de César Astor

 

 

 

 

 

 

 

Definición de la labor creadora

 

Abierto el cuello de la camisa,

peludo como el torso de Beethoven,

recubre con su mano,

cual tablero de damas,

el sueño, la conciencia,

la noche y el amor.

 

Y una dama negra

-como loca de dolor-

prepara al mundo

para la representación,

cual guerrero a caballo

sobre simples peones.

 

Y en el jardín,

donde de la cueva,

del hielo,

las estrellas se asombran fragantes,

cual feliz ruiseñor,

sobre el cuerpo de Isolda

feneció la frialdad de Tristán.

 

Los jardines, estanques y vallas,

todo el gran Universo

de gritos de albura,

no son otra cosa que descargas

de la pasión acumulada

por el humano corazón.

 

De “Mi hermana es la vida”  1917

 

Versión de César Astor

 

 

 

 

 

 

 

Distracciones con la amada

 

Por cimbreante ramita aromada,

absorbiendo en tinieblas su néctar,

de un cáliz a otro corría

la humedad de alocada tormenta.

 

Deslizándose de uno a otro cáliz,

dejó en ellos, muy nítida,

una gota, enorme, cual ágata,

reluciente, colgante y tímida.

 

Nada importa que el viento,

que azota el arbusto,

esa gota torture y aplaste.

Queda entera, no rompe,

y quedan dos más

que se besan y beben.

 

Y se ríen, e intentan soltarse,

mas se yerguen, y quedan como antes.

No caerán esas gotas del cáliz,

no podrán separarse por nada.

 

De “Mi hermana es la vida”  1917

 

Versión de César Astor

 

 

 

 

 

 

 

Epílogo

 

Amiga mía, ¿tú preguntas

quién ordena que arda el

habla del inválido?

 

Vamos a soltar las palabras

como un jardín, cuál ámbar y monda:

con distracción y generosamente,

apenas, apenas, apenas.

 

No hay que mencionar

porqué con tanta ceremonia

la rubia y el limón

han salpicado las hojas.

 

Ni a quién lloró en las púas

y por las varas se metió

en las notas, hacia el estante

a través de las persianas.

 

Ni a quien manchó con serbas

la alfombra, tras la puerta,

y al lado, palpitantes,

las letras en cursiva.

 

¿Preguntas quién ordena

que agosto sea largo,

para quién nada es pequeño,

y quién da el acabado

a las hojas del arce

y desde los días del Eclesiastés

no ha abandonado su puesto

labrando el alabastro?

 

¿Preguntas quién ordena

que los labios de los asteres y lirios

de septiembre sufran?

¿Que la hojita del sauce,

de las cariátides canosas

haya volado

a la humedad de las losas

de otoñales hospitales?

 

¿Preguntas quién lo ordena?:

El Dios Omnipotente del amor,

el de los Yagáilov y las Yadvigas.*

 

No sé si habrá sido resuelto

el enigma de la nada de ultratumba,

pero la vida es minuciosa

como el silencio otoñal.

 

*Yagailo y Yadviga: Gran Duque de Lituania y Reina de Polonia, cuyo

matrimonio dio comienzo a la unidad polaco-lituana (1386-1572)

 

Versión de César Astor

 

Boris Pasternak

 

 

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