EL JARDÍN DE LAS ROSAS

images

EL CIPRÉS

Propusieron a un filósofo la cuestión siguiente:
– De todos los árboles que el Señor creó, sólo uno es estéril: el ciprés. ¿Cómo interpretar esta excepción?
Y respondió:

– Todos los árboles, menos el ciprés, dan frutos. A veces, por virtud de estos frutos, nos deslumbran. Otras, despojados de hojas, nos apenan. El ciprés no da fruto; más luce, perennemente verde. He aquí el símbolo del hombre libre.
No entregues tu corazón a lo efímero. El Tigris atravesará Bagdad mucho tiempo aún después de la muerte del califa. Si eres rico, sé generoso como la palmera. Si eres pobre, sé libre como el ciprés.

EL ALUCINADO
Un profesor se enamora de su alumna, doncella de extremada belleza, repitiéndole de continuo:
– ¿Oh hermana de las huríes del Paraíso: pienso en tal forma en ti, que ya ni siquiera sé que existo! No puedo dejar de mirarte a cada instante.
Cierto día, la alumna dijo a su galante maestro:
– Te ruego quiera poner en instruir el mismo celo que pones en alabarme. Y si me descubrieres graves defectos, señálamelos. Trataré de corregirme.

– Pide a otro este rigor –le respondió el maestro-. Yo sólo te encuentro méritos.

Si tienes setenta defectos y una sola cualidad, tu amante no te verá más que la cualidad.

LA PERLA
Oí contar que cierta vez un viejo resolvió casarse con una joven. A tal fin, pidió la mano de una virgen de extremada belleza a quien llamaban Gueuher (La Perla). Desde luego, la puso a buen recaudo.
Como sucede a la mayoría de los recién casados, nuestro viejo sintió deseos por su mujer y trató de que ésta le correspondiese. Pero desde la primera escaramuza se le aflojó el arco y la flecha no dio en el blanco.
El desventurado fue a quejarse a sus amigos. Buscaba pretextos que justificasen su derrota. Acusaba al cielo.

– La insolente vino a perturbar mi casa –repetía.
Como os imagináis, esta casa se convirtió en una sucursal del infierno. El vejete y la mujer disputaban desde la mañana a la noche, y se aporreaban de lo lindo.
Esta guerra adquirió tales proporciones, que el anciano y su compañera fueron llevados ante el cadí.
– Tu esposa no es culpable –resolvió el juez-, ¿Cómo podrías horadar una perla cuanto te tiembla la mano?

LA PARTIDA
Cierto día del año en que se realizó la reconciliación del sultán Mohamed con el rey de los Khitía, penetré en la principal mezquita de Kachgar. Descubrí allí una doncella de extraordinaria belleza. “Tu nodriza te enseño el arte de seducir y arrebatar los corazones, pensé.
Te enseñó la indiferencia, la coquetería y la crueldad. Esa nodriza debió ser un hada, porque eres tan bella que no has podido tener más que un hada por nodriza”.
Esa adorable doncella leía la gramática de Abu´l Kacem Mahmud. Repetía: Saïd golpeó a Amr. El completamento de Saïd es Amr”.

Díjele:
– ¡Rosa mía: Mohamed y el rey de los Khitía hicieron la paz! ¿Podría durar aún la disputa entre Saïd y Amr?
Rióse y me preguntó por el lugar de mi cuna.
– Nací en Chiraz –le respondí-, la ciudad de tus hermanas: las rosas.
– ¿Conoces la poesía de Saadi –repitió- y podrías recitarme algunas?
E improvisé:

Un mal gramático me persigue. Me parezco a Saïd luchando con Avir. Inútilmente alisé los pliegues de mi túnica: ni siquiera te dignas mirarme. ¡Oh rosa embriagadora que me retienes en tu cáliz: no hago más que contemplarte y tu sólo piensas en tu libro.

Al día siguiente, un caravanero dijo a la doncella:
– El hombre que ayer hablaba contigo no era otro que Saadi.
Vino a mi encuentro corriendo. Se arrojó en mis brazos y se apenó de mi próxima partida.
– ¿Por qué no me dijiste quién eres? –me reprochó.
Y le respondí:
– El más ilustre poeta o el más ilustre sabio, nada valen frente a una hermosa doncella.
Me interrogó:

– ¿No te sería posible pasar algunos días con nosotros? ¡Si supieses cuánto nos agradaría escucharte y cuánto nos instruirías!
– Imposible –le repliqué-, y vas a saber la razón. Encontré en una montaña a un sabio que vivía en una caverna. “¿Por qué –le dije- no bajas a la ciudad? Olvidarías tus antiguas penas”. Y me contestó: “¡Hay allá demasiadas doncellas encantadoras! Bien sabes que los elefantes resbalan principalmente sobre las rosas”.
Besé a los labios de mi admiradora y partí con la calidad dulzura de la tarde.

¡La manzana ha debido decir adiós a muchas manzanas por lo encarnado de su faz!

Por: Saadi (1213-1291)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s