Die Fackel, La antorcha, de Karl Kraus, un ejemplo a seguir

Elarboldearnas's Blog

Cuando escribí, para este diario privado-público que es mi blog, o cualquier blog, la entrada sobre el libro de Viktor Klemperer, libro que trataba sobre el lenguaje corrupto de los nazis, ya tenía yo una cierta monomanía por el uso del lenguaje, tanto para bien como para mal (aquello de “Otan, de entrada, no”, fue una genialidad total, piénsese si para bien o para mal). ¡Claro que había leído sobre el tema!, pero aun en el caso de haber estudiado lingüística, o haber meditado largo y profundo sobre el lenguaje del franquismo, tan empantanado en cuestiones, no religiosas, sino morales con peste a sobaquina y orines, o haberme empapado en textos sobre mercadotecnia y publicidad, no habría alcanzado los niveles a los que me llevó Klemperer. Fue, ¿cómo diría?, como si a una persona con una obsesión irrealizable, como cazar elefantes en África, por ejemplo, se le ofreciera la posibilidad…

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