NUEVA YORK DE IDA Y VUELTA (HENRY MILLER)

new

Lo contrario de esto es la vida suburbana. Manhasset, por ejemplo. La cuestión es descubrir la manera de pasar el tiempo los fines de semana. Los que no juegan al bridge inventan otras formas de diversión, como ver mediante agujeros en las paredes, mujeres desnudas entregadas a sus cosas íntimas, parejas dedicadas a un fregado sexual u otras cosas peores. Me llevaron al subsuelo de la casa de un importante director de agencia de publicidad y pasaron algunas escenas cinematográficas obscenas. No una película armada, sino pedazos de esto y de aquello, casi todo asuntos sucios. Ves una mujer echada en un canapé y un hombre que le pasa una mano por la pierna, hacia arriba; luego adviertes que el vientre se le estremece y entonces descubres que detrás de ella hay otro hombre que tiene los pantalones bajos y se lo está empujando. Después te pasan un primer plano de una vulva (una vulva y nada más) y observas cómo se abre igual que una ostra para tragarse el largo pene de un hombre que tiene en la cabeza un sombrero hongo. Una cosa detrás de la otra, sans suite. Luego los hombres suben y manosean a las mujeres. Les gusta desnudarse y bailar los fines de semana. Cambiar esposas. No saben qué hacer de sus vidas luego de una semana de trabajo intenso en la oficina. Por lo tanto, el auto, la botella de whisky, alguna vulva extraña, un artista si es posible. (Yo, por ejemplo, la pegué en grande porque «era tan original». A veces, cuando se te considera tan poco respetuoso de las convenciones sociales, es un aprieto verte obligado a rechazar un traste selecto —el de la esposa del dueño de casa, pongamos por caso, tamaño 59 y redondo como una cuba. La esposa de Larry, por ejemplo, es un hipopótamo en miniatura que se pone celosa si bailas con cualquiera de las muchachas lindas. Se va y se enfurruña).

Permite que te cuente ahora lo que un hombre inteligente de los suburbios inventó la semana pasada para hacernos un obsequio. Cuando todos estábamos bien bebidos sacó un disco hablado por el Príncipe de Gales. Tuvimos que escuchar a aquel encumbrado y poderoso potentado (que a la sazón tenía diecinueve años) diciéndonos lo que era el ideallll de los ingleses. No hace falta que te aclare, Joey, que se trataba de eso que conocemos tanto, el «juego limpio». Un inglés jamás te atormenta. No, señorrrr. Eran tres discos seguidos; sin duda tenía que ver con un aniversario importante o algo así. En mitad de la grabación me puse histérico y eché a reír. Reí, reí, reí. Todos echaron a reír, hasta el dueño de casa que, según descubrí después, se sentía muy ofendido. No, señor, un inglés nunca te atormenta. Se te duerme encima…

De acuerdo con Mademoiselle Bohy, la cual estoy de acuerdo en que tiene un trasero de caballo, ya no hay aquí más demanda de literatura francesa. Dice que los norteamericanos están desplazando a los franceses. La verdad es que ella se siente avergonzada de su propio país y procura convertirse en una norteamericana consumada. Me dijo: «Estados Unidos es país maravilloso para una mujer». Sí, pensé yo; para una vaca como tú que ya no tiene sex appeal… Este es el paraíso terrenal de los derechos de la mujer. Este es un matriarcado. Un matriarcado de matronas gordas y viejas que tienen bigotes en las barbillas, un matriarcado de narices azules y vaquillonas lisas como tablas. Las mujeres están mejor en países donde se las supone mal tratadas.

Anoche Jack Brent vino a Nueva York con su Packard aerodinámico. Me llamó desde su departamento en el Albemarle Hotel. ¡Habla el señor Brent! ¡Ahem! Levantamos una fulana en el camino y fuimos a cenar en Ticino. En la parte del sótano que da a la calle hay una mesa de billar en que los trabajadores se disputan un cierto alocado pozo común. Esto da atmósfera… para los artistas del Village que frecuentan el tugurio.

De todos modos, he aquí cómo iniciamos la cena la fulana, Jack y yo… Comenzamos con seis cócteles Martini; Brent insistió en que los trajeran todos juntos. Muy bien. Ahí estaban: los seis vasos mirándonos a las caras. Luego el menú. ¡Antipasto con biftec! ¡Aceitunas y macarrones! Mientras sorbíamos los cócteles, Brent pidió unas cuantas copas más, no fuera que nos quedásemos secos. Yo me aventuré a sugerir vino. Él dijo que… ¡más tarde! Muy bien. Pedimos tres «sidecars» y dos «oldfashioneds». Un surtido ruin. Yo sentía apetito. Eran más o menos las 9.30 p.m. Hasta ese momento, sólo apio. Los cócteles se nos subieron a la cabeza y dijimos un montón de idioteces de borracho a intervalos. (Por ejemplo, un largo discurso de Brent acerca de una carta que yo le escribí en 1924; una carta en que lo ofendí, a él, Jack Brent, el hijo de un millonario. Ahora le gusta la carta. La enseña a todos. Con orgullo a todo esto. Le gustaría que volviese a insultarlo un poco más… con tal de que lo hiciese delicadamente).

Cuando llegó la comida, pedí vino. Naturalmente, pedí vino tinto. A Brent no le gusta el vino tinto: dice que no sirve. ¡Cristo! Yo me preguntaba si vendrían más «sidecars» o alguna clase de mescolanza extraña. Pero no, llamó al mozo muy ostentosamente, recorrió la lista de vinos con la vista y se decidió por un Graves… ¡el mejor!; es decir, el de precio más alto. Dio la coincidencia de que era realmente bueno. Dejé los cócteles y los «sidecars» y me dediqué al vino. Al ver que me bebía toda una botella yo solo, Brent se enojó. Dijo que quería beber vino él también. Le serví un vaso. La mujer sólo bebió un poco y apartó el vaso. Nunca en su vida había bebido un vaso de vino bueno. Por último, llamé al mozo. Era un gringo inteligente y parecía tener buen gusto. Lo invité a beber un vaso con nosotros. Se sirvió un vaso bien lleno de Graves. Vi que Brent parpadeaba. Cuando pedía vino para mí, no lo hacía con el fin de que yo se lo metiese al mozo en el gañote. Pero en el gañote entró. ¡Hurra! Esto me animó un poco. Me gusta ser cordial con los mozos.

Henry Miller

Nueva York ida y vuelta

Título original: Aller Retour New York

Henry Miller, 1935

Traducción: Fred Laborde

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s